El drama es solo brasileño
Si en 1950 los brasileños esperaron hasta el minuto 79 para sufrir, ahora la muerte les llegó súbitamente en el primer tiempo.
Cuando todavía anda por ahí Alcides Edgardo Ghiggia para recordarles a los brasileños el Maracanazo, el drama volvió a dejarlos estupefactos por otros 60 años o más. “Drama, tragedia y ridículo” tituló el diario Mundo Esportivo el 21 de julio de 1950. “Brasil es masacrado por Alemania” fue el título de la edición digital de O'Globo, ayer después de la vergüenza.
El 16 de julio de 1950, los 200 mil brasileños que coparon las tribunas del Maracaná de Río de Janeiro tuvieron que esperar hasta el minuto 79, cuando Ghiggia puso el 2-1, para sufrir.
El martes en el Mineirao de Belo Horizonte, fue una muerte súbita para los 60 mil espectadores. En seis minutos Alemania le asestó cuatro goles y al cabo del primer tiempo le ganaba 5-0. A esa altura los brasileños ya estaban buscando un lugar dónde esconderse y volver a salir dentro de unos cuántos años.
El golpe fue tremendo. Los rostros empapados en lágrimas, los niños llorando, las máscaras de Neymar (la gente las llevó al estadio para que el crack, lesionado, estuviera junto a ellos) utilizadas de pañuelo, las miradas perdidas, el drama a flor de piel.
“Yo solo quería poder darle una alegría a mi pueblo, a mi gente, que pasa tanto sufrimiento. Infelizmente, no lo conseguí” dijo David Luiz después del partido, en uno de los testimonios más desgarradores que se recuerden de un futbolista. Lloraba a mares. Aquella alegría que tenía después del triunfo ante Colombia, el gesto de pedirle a los hinchas que aplaudieran a James Rodríguez inundado en lágrimas, se transformó en un pañuelo.
“Hasta aquí estaba todo muy lindo” dijo el golero Júlio César, también derramando lágrimas. Brasil organizó su mundial para quitarse la mufa de 1950. Pero la mufa seguirá por siempre. Es difícil imaginar hoy que Brasil tenga las energías para volver a organizar otra copa del mundo. Y más como son ellos de cabalistas.
Ayer en el estadio, mientras los alemanes cantaban “Río de Janeiro, o, o, o”, los torcedores locales miraban el partido atónitos y se las agarraban con Fred cuando tiró una pelota hacia el golero, también con Oscar, con Bernard y así con casi todos los jugadores que hasta antes el partido eran héroes.
¿Se imaginan cuántos Barbosa volverá a tener Brasil? El golero de la selección de 1950 se murió en vida después de aquella final. “En Brasil, la condena máxima es de 30 años. La mía fue perpetua”, dijo en algún momento. Lo recordaban como el hombre que hizo llorar a todo Brasil, como si él fue él único que jugó aquel día. En 1993 durante las Eliminatorias para Estados Unidos no le permitieron visitar la concentración. en el 2000 falleció por segunda vez.
Para muchos de los actuales integrantes de la selección brasileña la vida no será igual a partir de hoy, de mañana o dentro de algunos años. Caminarán con la vergüenza sobre los hombros. Igual que Luiz Felipe Scolari y Carlos Alberto Parreira, dos técnicos campeones del mundo con Brasil, que volvieron al cargo en 2012 con el único objetivo de ganar la sexta estrella en 2014.
“Nosotros sí tenemos la obligación de ganar el título, no somos favoritos ahora pero pretendemos serlo al llegar al Mundial y vamos a trabajar para eso”, afirmó Felipão el día que asumió. No solo fracasaron en ese objetivo, sino que los sacó Alemania con una paliza histórica.
La presidenta Dilma Rousseff se expresó en Twitter: “Siento inmensamente por todos nosotros y por nuestros jugadores. Así como todos los brasileños estoy muy, muy triste con la derrota”.
En Brasil la tristeza y el drama no tienen fin.