Nunca se imaginó que lo que empezó como una pasantía en sus épocas de estudiante iba a ser el comienzo de un largo camino que lo llevaría a presidir uno de los bufetes de abogados más importantes del mundo.
Nunca se imaginó que lo que empezó como una pasantía en sus épocas de estudiante iba a ser el comienzo de un largo camino que lo llevaría a presidir uno de los bufetes de abogados más importantes del mundo.
“Si alguien me pregunta como llegué hasta aquí, yo siempre digo que fue, como dice Antonio Machado, paso a paso”, cuenta a Café y Negocios con nostalgia y humildad, el uruguayo Eduardo Leite, presidente de la estadounidense Baker & McKenzie (B&M), la firma de abogados con más profesionales del mundo.
Es que Leite –un abogado oriundo de Salto de 60 años, que empezó a trabajar en B&M cuando tenía 25–, llegó a ocupar uno de los lugares más codiciados por los profesionales del derecho a nivel mundial. En octubre de 2010, el comité ejecutivo de la firma lo eligió Chairman of the Executive Committee, luego de una larga trayectoria en Brasil y Estados Unidos.
Se trata del primer latinoamericano en ocupar un puesto de tal jerarquía; hasta ahora casi todos los presidentes de la compañía habían sido anglosajones o europeos. Según el propio Leite, esta designación demuestra el interés que tiene la compañía por los países emergentes de Latinoamérica. “Porque a diferencia de otros estudios no es colonial, no hay limitaciones para crecer”, aclara Leite, quien dice sentirse orgulloso del lugar al que llegó.
Tras vivir su niñez y adolescencia en Salto –un lugar que recuerda con mucho cariño y donde hizo amigos que mantiene hasta hoy–, Leite se fue a estudiar a Montevideo. “Empecé a hacer preparatorio de Arquitectura y después me di cuenta que no era lo mío y me anoté en la Facultad de Derecho. Me quedé un par de años en la capital para seguir mis estudios, pero las huelgas lo hicieron imposible”, recuerda. Por este motivo Leite, de padre brasileño y madre uruguaya, decidió continuar sus estudios en San Pablo.
Mientras estaba estudiando entró como pasante en B&M. “Me contrataron porque hablaba tres idiomas: español, portugués e inglés”, cuenta Leite, quien reconoce haber estado en el momento apropiado en el lugar apropiado. No tenía miedo de viajar ni a buscar nuevos horizontes. Y fue así como se ganó una beca para hacer una maestría de Derecho en la New York University y paralelamente trabajaba en la oficina central de B&M en Chicago en temas relacionados con Latinoamérica.
Al cabo de unos años, volvió a San Pablo, y en 1986 B&M lo hizo socio de la compañía –un mecanismo normal en el ámbito de los abogados, que significó un espaldarazo a su carrera– y comenzó a manejar cuatro grandes oficinas con más de 170 profesionales.
Brasil se convirtió en una gran catapulta para llegar a la sede central de Baker en Chicago. En el país norteño, Leite administraba una estructura muy grande que le dio una rica experiencia. “Era un test permanente sobre cómo administrar una firma gigante”, cuenta el uruguayo, que logró una gran imagen y proyección dentro de la empresa, gracias a su excelente desempeño.
Tras integrar entre 1999 y 2004 el comité ejecutivo de la compañía en representación de Latinoamérica, en 2010 el directorio lo eligió como presidente global de B&M.
Lo que más aprendió Leite de la cultura empresarial brasileña fue “sobrevivir a la crisis, pero también a los períodos de bonanza”. Al mismo tiempo, incorporó el hecho de ser más pragmático, “algo fundamental en esta profesión”, asegura.
EL MUNDO REAL
Según Leite, el mundo de los abogados que se muestra en series y películas “no tiene nada ver con el real”. Asegura que lo único verdadero son los viajes constantes. Tan es así que la rutina del presidente de B&M es no tener rutina. La agenda la arma su secretaria personal y si bien el profesional está instalado en Chicago, tiene una oficina personal en Londres, otra en Nueva York y San Pablo.
El uruguayo viaja permanentemente y con humor asegura que su gran desafío es llegar a ser omnipresente.
“Porque pese a la tecnología moderna, nada sustituye el contacto personal”, a lo que Leite suma el calor humano propio de un latinoamericano que vivió muchos años en Brasil. “No hacemos negocios fríamente pensando solo en números, sino que valoramos las relaciones humanas”, indica.
Su esposa, una abogada italiano – brasileña, que ya no ejerce, lo acompaña en todos sus viajes. “Su compañía es fundamental; si no, no hay salud que aguante”, confiesa.
MOTIVAR EL TALENTO
Si bien nunca imaginó llegar hasta la cima de la abogacía mundial, Leite siempre supo que quería “hacer algo más” y que la clave para lograrlo era tener claro el próximo paso a dar.
“Lo importante no es si quiero ser presidente de la República, sino saber cuál es el próximo paso; yo siempre digo que no hay que soñar alto si no se sabe cómo llegar”, afirma.
Contó que la clave para seguir adelante fue ser siempre muy autocrítico. “Lo que derriba a muchos buenos profesionales es la falta de humildad”, reflexiona.
Por otra parte, destaca la presencia de algunos mentores en distintas etapas de su vida.
En este sentido, recuerda con estima a un socio de Chicago que trabajaba con él en el departamento latinoamericano que le dijo: “No intentes ser socio antes de tiempo, controlá tu ansiedad. En el momento no entendí, pero tenía razón. Subir un escalón antes de tiempo no sirve. Esperé y al año me ascendieron”, aclaró. Ahora Leite procura ser un mentor para los más jóvenes.
Consultado sobre cómo ve a Uruguay en materia de abogados, el profesional afirmó que en el país tiene muy buenos estudios como Ferrere Abogados (con los que ha trabajado en varias oportunidades), Guyer & Regules y el estudio Pérez del Castillo, entre otros.
Para el presidente de B&K, el mayor desafío de los estudiantes de Derecho es conocer las industrias para las cuales trabajan porque hoy “no basta con saber solo de derecho”, dice. También es importante, subraya, el trabajo en equipo, porque el éxito siempre es colectivo es un bufete.
Desde su silla en el directorio de B&M, el abogado salterio sueña con poder instalar una oficina de la firma en Uruguay, un país que visita cada pocos meses y del que habla con cariño. “Es un sueño a cumplir”, confiesa Leite, mientras se dispone a subir a un avión de negocios, y que algún día, le gustaría poder aterrizar en Uruguay.