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¡Qué pasaría si cualquier estado con poco poder económico y militar analizara la posibilidad de que un dirigente político se quedara en la administración de forma indefinida?

¿Qué pasa cuando un presidente como Nicolás Maduro en Venezuela estratagema su continuidad saltándose normas o modificando la Constitución a su gusto?

La comunidad internacional responde, se expresa y condena. Lo hace en defensa de un conjunto de valores que rigen la vida en sociedad y cuya mejor representación se manifiesta en el sistema democrático. Los estados que forman parte de esa comunidad se expresan de forma fundamental para que los demás sepan de qué lado están. Esa práctica se volvió una sofisticada acción de diplomacia pública.

Pero lo que resulta común para una mayoría considerable de casos tiene excepciones. Así, cada vez menos se escuchan críticas al funcionamiento político de China, fundado sobre la base de un partido único que es al mismo tiempo el gobierno y el estado.

Que China haya predicado una política exterior no intervencionista y que haya repudiado cada vez que alguien se metió en sus asuntos hace al silencio. Pero que las inversiones y el dinero chino circulen por medio mundo es un factor más decisivo para explicar el aplacamiento de la crítica internacional.

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Su penetración en África en los últimos veinte años y su acercamiento estratégico a América Latina dan un panorama de la apertura China. Detrás de las bondades económicas y comerciales también llega una cuota de influencia política.

Por eso no debería resultar llamativo que el gobierno chino recibiera pocos dardos ahora que el Partido Comunista abrió la puerta a la permanencia de por vida de Xi Jinping como presidente, una apuesta arriesgada que abandona el modelo de sucesión que garantiza la estabilidad del país desde hace 30 años.

Xi acapara el poder y ha apartado a sus principales rivales desde su llegada a la jefatura del Estado en 2013.

El PCC llama a saltarse la norma constitucional que limita los mandatos presidenciales.

"El límite de dos mandatos se decidió para garantizar una cierta estabilidad. Si (Xi) sigue más allá de los 10 años, la élite política y los ciudadanos chinos estarán mucho más pendientes" de lo que haga, estima Simone van Nieuwenhuizen, sinóloga radicada en Sídney.

El proyecto de reforma constitucional anunciado el domingo pone en entredicho la noción de "gobernanza colectiva" impuesta por el exdirigente Deng Xiaoping en los años 1980, para evitar que un líder se perpetúe en el poder como ocurrió con el fundador del régimen Mao Zedong.

Los dos predecesores de Xi Jinping -Hu Jintao (2003-2013) y Jiang Zemin (1993-2003) ejercieron dos mandatos de cinco años y en ambos casos la transición se produjo sin sobresaltos en la segunda economía mundial.

'Un declive catastrófico'

Pero Xi, de 64 años, es más autoritario: reforzó la represión de la sociedad civil, lanzó una vasta campaña anticorrupción, hizo incluir en los estatutos del partido su "pensamiento" del socialismo y lanzó un cuasi culto de la personalidad.

De mantenerse en el poder más allá de 2023, podría concluir su programa para China: un país desarrollado, con influencia mundial, una sociedad próspera y un ejército poderoso.

El parlamento chino, completamente sometido al PCC, se reunirá en sesión anual a partir del 5 de marzo. Se espera que conceda a Xi Jinping un segundo mandato de cinco años y apruebe la abolición.

"El límite del número de mandatos permitió institucionalizar la transición en la cúspide del poder. Y evitar que el PCC entre en reinados tiránicos o en un declive catastrófico", estima Jonathan Sullivan, investigador de la universidad de Nottingham en Inglaterra. "Quitar el límite podría crear un riesgo para la estabilidad a largo plazo".

Sam Crane, experto en historia china de Williams College, en Estados Unidos, no espera eventuales reformas económicas o políticas.

"Supongo que su prioridad será continuar con la represión de la sociedad civil, en la línea de su orientación política desde 2012", dijo el especialista.

La censura del osito Winnie the Pooh

Uno de los riesgos (para Xi Jinping) sería tomar malas decisiones y estar rodeado de aduladores que no se atrevan a contradecirle, estima Susan Shirk, experta en China en la universidad de California en San Diego.

En Twitter, el activista Joshua Wong, rostro de las protestas estudiantiles durante las manifestaciones prodemocracia de Hong Kong en 2014, declaró irónicamente el advenimiento de "la era del emperador Xi".

En la red social china Weibo las reacciones eran mitigadas. Algunos internautas lo elogiaban y decían "asistir a un hecho histórico". Otros eran más críticos: "Ahora tengo realmente la impresión de vivir en Corea del Norte", juzgaba un usuario de la plataforma.

La censura se apresuró a suprimir los comentarios negativos y bloqueó las imágenes del osito Winnie the Pooh, el personaje de dibujos animados con el que a veces se compara a Xi debido a su silueta.


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china Partido Comunista presidente Xi Jinping

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