El festival inteligente
Foo Fighters, Arctic Monkeys, Björk, Illya Kuryaki y las marionetas de 31 Minutos fueron algunos de los artistas que actuaron en Lollapalooza Chile. Aquí, un recorrido puntual por algunos destaques del fin de semana
El inmenso Parque O’Higgins de la capital chilena parece un buen punto para desarrollar este evento que transciende las fronteras del típico festival de rock tradicional al que estamos acostumbrados en el Río de la Plata. Espacios verdes, lugares pavimentados que facilitan el montaje de enormes escenarios, un teatro pequeño y otro estadio cerrado capaz de permitir una fiesta electrónica aislada de todo el resto son algunas de sus particularidades.
Llama demasiado la atención el conocimiento del público chileno por lo que van a ver. Chicos de diversas edades cantan y bailan repertorios que quizás en Uruguay tienen escasa difusión. Se huele más sintonía con lo contemporáneo. Uno de los ejemplos fue el recital de Foster The People, banda californiana que editó su disco Torches el año pasado.
Su presentación, el domingo pasado al mediodía, con un sofocante sol sobre el parque, ya contaba con una importantísima convocatoria. Con un repertorio claro y directo hicieron mucho más mérito en escena que los propios MGMT, que llegaron a Chile con chapa de favoritos. Estos últimos, padrinos de esta última camada de grupos electro pop psicodélicos (sólo por encasillarlos de manera rimbombante), cerraron uno de los escenarios principales a última hora con un set que arrancó flojo pero se encaminó a mitad del show con impecables versiones de Time to Pretend y The Youth.
Por supuesto, pocas cosas se acercaron a la convocatoria de Foo Fighters, una de las cabezas de cartel, y cuyo concierto se extendió por más de tres horas. Grohl, ya ícono de una generación tras los años de Nirvana. Así lo confirmaron alrededor de 60.000 personas que interactuaron a la par de Dave Grohl y sus músicos. A lo largo del concierto, Grohl llegó incluso a bromear sobre la duración del show. Toda la artillería de los Foos sacudió Santiago de Chile con su buen humor y sus hits irresistibles.
Grohl tampoco escatimó elogios al alma mater del concepto Lollapalooza, Perry Farrell: “En 1991, cuando apareció Lollapalooza, Kurt y yo fuimos a ese primer festival y supimos ese día que el mundo cambiaría. Porque Lollapalooza cambió el mundo. ¿Saben? Perry Farrell cambió el maldito mundo”, expresó el frontman antes de dedicarle Times Like These al fundador del festival, que también es cantante de la conocida banda Jane´s Addiction, en algún momento pieza clave del movimiento del rock alternativo, junto a compadres como Dave Navarro.
Los otros dos puntos altos del festival fueron las actuaciones de Björk y Arctic Monkeys. La primera se apareció con un estrambótico vestuario acompañado por una enorme peluca. Su puesta en escena se destaca por un coro compuesto por casi 20 rubias que fueron el instrumento principal que expuso la cantante islandesa para generar los trances hipnóticos por los que marcha su música.
Mientras tanto los británicos de Arctic Monkeys salieron a escena sobrios y casi sin hablar, pero con una tremenda contundencia en la ejecución de sus canciones. Con una brillante performance, el grupo liderado por el cantante y compositor Alex Turner, demostró tener todas las cualidades y repertorio para convertir a su banda en un clásico para los años que vendrán.
Funky (algo) futurista
Capítulo aparte para Illya Kuryaki & The Valderramas. El dúo argentino se presentó en el escenario Alternativo (tercero en importancia del festival) a las 17:30 horas para un público que bailó un set tan infalible como su banda, integrada por el uruguayo Matías Rada en guitarra.
A primera vista se nota que el dúo está pasando por un gran momento tras su regreso en su relación, Spinetta y Horvilleur interactúan todo el tiempo con mucho humor. Chaco, Jugo, Jennifer del Estero, y su versión de Another One Bite the Dust (Queen), además de Abarajame fueron parte del recorrido. De igual forma presentaron la nueva y pegadiza Funky Futurista; un concepto que, de paso, podría ajustarse a su trayectoria.
La vigencia de estas viejas canciones denota cuan adelantados estaban para su época, incluso en tiempos del disco Leche, en 2000. También hubo lugar para una emotiva dedicación especial a Luis Alberto Spinetta en Expedición al Klama Hama por parte de su hijo Dante.
Ellos fueron apenas una buena muestra de un escenario alternativo que tuvo varias presencias más que interesantes, sobre todo del costado latino: los chilenos Los Tetas, Systema Solar (Colombia), Juana Fe (también de Chile) animaron tardes y noches. Como gran novedad apareció también la banda HopPo! liderada por Rubén Albarrán, cantante de Café Tacuba.
Un rato de punk gitano
Llegar al Lollapalooza y encontrarse a las 3 de la tarde con el cóctel de estilos que profesa Gogol Bordello no es algo que se vea todos los días. La banda de Nueva York, integrada originalmente por inmigrantes de Europa del Este, ha agregado en estos últimos años a su repertorio de música balcánica otros ritmos provenientes del Caribe.
El contraste escénico y vocal que plantean el ucraniano Eugene Hütz (la cara más visible del grupo) y el MC y percusionista ecuatoriano Pedro Erazo funcionan a la perfección y son la marca de identidad de uno de los grupos actuales más innovadores de la escena de rock contemporáneo.
Gogol Bordello es la analogía musical de una ciudad cosmopolita. En un mismo lugar conviven muchos ritmos, instrumentos y los pasaportes de los músicos que han pasado desde su formación en 1999 lo testifican: rusos, israelís, etíopes, norteamericanos, rumanos y japoneses, sólo por nombrar algunas de las nacionalidades de una catarata de músicos.
Discoteca diurna
Dentro del Parque O’Higgins se encuentra una cúpula gigante para recitales y eventos deportivos cerrados que funciona todo el año. Un domo con una infraestructura de primer nivel, capaz de albergar a más de 15.000 personas y que en las dos jornadas del Lollapalooza Chile se convirtió en el bastión preferido de Perry Farrell. No en vano ese sector llevó el nombre de “Perry`s Stage” (El escenario de Perry, una verdadera rave que escondió del sol a miles de personas, mientras funcionaban en paralelo el resto de los escenarios al aire libre).
El mismísimo Farrell, en un estado de excitación más que visible, subió al escenario para oficiar de DJ junto a su esposa Etty en vocales y al productor Chris Cox en las bandejas. En este escenario deslumbró el sábado por la tarde el espectáculo de Pretty Lights, nombre que hace honor al show de visuales e iluminación de este artista electrónico.
Mensaje verde
El problema ambiental no es menor en Santiago de Chile, siempre expuesto al smog estacionado sobre ella y a otros avatares de la contaminación atmosférica. Una visible capa es testimonio cotidiano de esto. En el 2011, con la intención de generar un mínimo cambio de conciencia, Lollapalooza Chile recicló 3,5 toneladas de basura recogida durante el festival. La acción se llama “Rock & Recycle” y tiene como objetivo compensar todo el Dióxido de Carbono generado por el festival. Con más de 1000 voluntarios recolectando y separando constantemente los diferentes residuos.
A su vez, diferentes acciones de auspiciantes, organizaciones sociales y ambientales tuvieron su espacio para impartir esta “eco política”.
Charlas, talleres y clínicas en stands sobre alimentación saludable y orgánica fueron constantes, incluso con la instalación de centros para cargar celulares mediante el uso de energía solar.
Otro dato notorio fue el impulso de los productores y la ciudad a concurrir al festival en transporte público y, así, reducir las emisiones de los automóviles.
(*) Matías Pizzolanti es productor y mánager de bandas locales como Closet.