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Desde que los líderes de la oposición anunciaron la conformación de una coalición multicolor, han surgido dudas sobre las posibilidades ciertas de que el bloque conformado por cinco partidos diferentes pueden aunar un programa de gobierno y llevarlo adelante. Pero no se ha reparado del mismo modo en relación a la realidad que esconde el otro bloque, el conformado por el Frente Amplio (FA), que también tiene problemas, y de una magnitud que puede perjudicar la intención de un entendimiento multipartidario, anunciado por Daniel Martínez la misma noche del balotaje.

El video de Guido Manini Ríos, el conductor de Cabildo Abierto, antes del comienzo de la veda, en el que pedía a los militares que no votaran por el candidato de la izquierda, despertó críticas tanto de partidos opositores coaligados como del Frente Amplio. Fue el último caso de análisis político para ejemplificar acerca de las eventuales dificultades que puede enfrentar un gobierno de coalición del presidente electo Luis Lacalle Pou. 

Sin desconocer esa realidad, a nuestro juicio, la situación interna de la coalición de izquierda también es difícil, pero que a veces pasa desapercibida por la estrategia de la unidad, una eficiente herramienta para llegar al poder, pero no tanto para empujar las reformas que necesita el país como ha ocurrido en los gobiernos de un FA que desde el próximo 1° de marzo se desenvolverá en la oposición.

Muchas veces el FA ha quedado preso de luchas internas que han terminado siendo funcional a partidos ortodoxos o radicales del Frente Amplio que defienden el statu quo estatista y están cerrados a los intereses corporativos del PIT-CNT. 

Hay muchos ejemplos y de períodos distintos. Durante el segundo gobierno de Julio María Sanguinetti, había dirigentes de izquierda moderada que apoyaban la reforma educativa de Germán Rama y varios de ellos terminaron en el ostracismo luego del rechazo de movilizadoras corrientes del FA que apoyaron a los gremios de la enseñanza. En la primera presidencia de Tabaré Vázquez, los sectores más duros frenaron un eventual TLC con EEUU. O el hecho más reciente de la posición de Uruguay sobre el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

Un gobierno con un déficit fiscal de casi 5% es en los hechos la constatación de que se impuso una gestión diferente a la orientación de centroizquierda del ministro de Economía, Danilo Astori.

Es por eso es que tenemos incertidumbre respecto a la actitud que tendrá el bloque frentista, la primera fuerza individual en el próximo Parlamento, desde la oposición. ¿Se impondrá la mano tendida de Martínez o la “oposición responsable” de la que habló el expresidente José Mujica? ¿O tendrá más influencia el discurso combativo que ya está justificando la protesta social a partir del 1° de marzo?

También tenemos dudas acerca del liderazgo en un FA de recambio, pero mientras Mujica, por ejemplo, sigue teniendo una influencia gravitante, siendo el senador más votado para el próximo período legislativo.

La propia actitud desafiante de Martínez en la noche del balotaje, parece otra prueba de que el FA ingresará en una etapa de análisis interno sobre su futuro papel. Esperamos que se imponga la idea de tender puentes ante el reto de un sistema político partido en dos.