Marcos había trabajado toda la noche como pizzero. Era una extra que le ayudaba a mantener la economía de la familia. Estaba durmiendo cuando le sonó el teléfono.
"¿Marquitos? Soy Gonzalo, ¿qué hacés? Escuchá, te animás a dar una mano en la utilería del Boston porque quedó una vacante ahí y no tenemos a nadie", le planteó su amigo Gonzalo Sierra.
El gesto del plantel de Boston: le dio US$ 150 al utilero para comprar regalos a su hijo
Debutó en Perú sin saber que iba a la altura, y del mareo que tenía no encontró las medias de la cábala de Berbia