El hombre que se tragó el paisaje
Hoy es la última oportuinidad de ver en cine Essential killing, la película donde Vincent Gallo encarna a un talibán
Hay pocas guerras que no tengan su película. El cine (en muchos casos el realizado por estadounidenses) se ha ocupado de decenas de conflictos, otorgándoles un carácter mítico.
El cine vence al tiempo. Las guerras del siglo XVIII están presentes en Barry Lyndon, las napoleónicas en Los duelistas. Incluso la última Guerra del Golfo se despliega en la oscarizada Vivir al límite.
Desierto o bosque nevado
La anécdota cuenta la historia de un nombre (por los títulos finales sabemos que el nombre del personaje es Mohamed; el actor es Vincet Gallo), un militante islámico que en el inicio del filme mata de un disparo de bazooka a tres soldados estadounidenses que exploran una cueva.
El paisaje desértico invita a pensar en Afganistán, aunque en ningún lugar lo diga. Envuelto en túnicas y pañuelos, el barbudo Gallo parece ser un miembro de Al-Qaeda y el helicóptero de Estados Unidos que patrulla el cañón rocoso donde se produce el ataque parece los de Apocalypse now. Pero ahora la selva vietnamita mutó en una sabana arenosa y ocre.
El musulmán huye por el desierto vacío y sin refugio, el helicóptero lo capta, le dispara —para su suerte o desgracia—, sin matarlo. Cae prisionero en un centro de reclusión, donde lo interrogan. Lo transportan en un avión hacia una base en un ignoto país nevado ubicado en Europa del Este. En ningún lugar se dice dónde están, pero es Polonia, país utilizado en la vida real por la CIA para transportar prisioneros en camino a la base de Guantánamo.
En una ruta nevada en medio de un bosque oscuro, el transporte donde conducen a los talibanes sufre un accidente y el prisionero Gallo se escapa.
Es a partir de entonces que la película gana en dimensión y en profundidad. El talibán se encuentra en una tierra incógnita, lejana, sin comida, con apenas abrigo, y debe internarse en lo desconocido.
El mundo imbuído de la más actual geopolítica que presenta y recrea la cámara de Skolimowski se aleja, de manera sugerente, de tomar postura sobre la situación, tanto de la guerra en sí como de los reclusos.
Así, el espectador de Essential killing explora junto al silente protagonista su derrotero por una naturaleza que se vuelve abrumadora, como en la visión de un pintor romántico.
La naturaleza estructura lo exterior (los árboles de ramas nevadas, las enormes superficies blancas, los arroyos congelados, los pequeños insectos que viven bajo la corteza de un tronco podrido), pero a la vez esa grandiosidad toca el interior del personaje, que se expresa mediante visiones cuasi oníricas de una ciudad árabe con la voz de un almuecín que llama al rezo.
La oposición que se genera es la de un hermoso paisaje transformado en una horrenda prisión de nieve para alguien que vaga por el mundo con la imposible tarea de volver a su lugar de origen. El paisaje tiene un papel dramático, no postal; el paisaje es quien acompaña al protagonista, minando sus fuerzas.
El peso de una historia que parece mínima y hasta simple se refuerza en esta necesidad de supervivencia del personaje principal, especie de Robinson Crusoe del siglo XXI, más lo que debe hacer para lograrlo (incluso beber leche del seno de una madre).
Essential killing se destaca por todo lo que no es. Es motivo de aplauso que una historia de guerra (a pesar de que mute, es una anécdota bélica) no haga abuso del recurso musical ni de los baratos efectos explosivos e innecesarios ni de chicanas sensibleras ni de los litros de sangre. Essential killing es una película dura porque el derrotero que narra es tan humano como trágico. Por eso vale la pena verla.