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Las ramas de una vieja higuera se sacudían en un viejo patio de Maldonado un sábado a las tres de la mañana, a principios de noviembre. Sobre una tarima de madera, debajo de las ramas de la higuera, un power trío hacía bailar a la gente que abarrotaba el patio.

La banda: Sony Chiba, un grupo de surf rock y rockabilly estilo años 50 fernandino, haciendo sacudir los cuerpos de sus fieles seguidores. Suenan temas propios, titulados como alguna playa, como Chihuahua, o algún cover de la banda sonora de la película Pulp Fiction. Todos instrumentales. No es necesaria la letra: la gente se deja llevar por el ritmo.

El lugar: Tavarúa, en la esquina de 19 de Abril y avenida Aiguá, en el borde del centro de Maldonado. En las pantallas planas que cuelgan de las paredes se ven olas y tablas, pero el lugar acoge a parrioquianos de todos los pelos que quieran integrarse a la nueva movida indie (anglicismo que, entre otras cosas, quiere decir “independiente”) fernandina.

Porque eso es lo que está sucediendo desde hace poco más de un año en esa ciudad de lejano abolengo castizo, que resistió al saqueo de los ingleses en las invasiones, que recibió a Charles Darwin y que desde mediados del siglo XX se vio arrinconada por la multiplicación de chalés que conformaron un único espacio urbano con la vecina Punta del Este.

Se está viviendo un cambio interesante en la noche y en el aspecto creativo de la ciudad, porque se ha conformado un circuito cuyas patas incluyen una serie de boliches donde no solo tocan las bandas indie locales, sino que además se organizaron grupos colectivos de creadores: diseñadores, artesanos, pintores, fotógrafos, cineastas, actores, clowns y hasta productores de happenings. Y todo esto centrado en Maldonado, cerca del antiguo centro de identidad borroneada por el paso de los años. Ni en el glamour de Punta del Este, ni en el lujo rural de José Ignacio, ni en el ámbito más pueblerino de San Carlos. En el viejo y querido Maldonado.

Lugares como Villa Rosita, La casa 912 (ex La casa oculta), Tavarúa y El Caballo Bar se transformaron en los sitios físicos donde este nuevo movimiento se viene fermentando.

Afinidades selectivas
Los protagonistas de este fenómeno lo explican de varias maneras.

Para Rodrigo De León, de 33 años, diseñador y uno de los responsables de Villa Rosita, entre 2010 y 2011 cuajaron elementos que ya estaban presentes entre la juventud fernandina.

“Ya estaba todo el potencial humano. Faltaba el espacio. Faltaba no depender de otra gente. Descubrimos que podíamos movernos en la periferia, a través de las redes sociales y tener buen poder de convocatoria. El cambio fue que se destapó el espacio Maldonado: de pronto se podía salir en Maldonado, con lugares interesantes y buenos ambientes”, explicó De León.

“Se consolidó una generación con algo que las anteriores venían haciendo”, opinó Salvador García, 27 años, actor y músico, líder del grupo Limpiando Encontré Monedas y organizador de un festival de música que se hará hoy en Playa Hermosa.

Tanto para De León como para García otro factor impotante es que hay más jóvenes en la ciudad.

Además, a nivel geográfico la movida es eminentemente de Maldonado, desconectada tanto de Punta del Este como de San Carlos. Entre el corrimiento a través de los años de la noche hacia la península y hacia La Barra, y sumado esto a la llegada de decenas de miles de personas de otros departamentos, el centro de Maldonado era tierra de nadie: un lugar despersonalizado y vacío de identidad, casi un no-lugar. “Este es un factor que está bueno, porque al no haber una identidad tan marcada deja abierto un espacio para crear y hacer cosas”, dijo García.

En paralelo y en colaboración con Villa Rosita, surgió La Casa Oculta, otro grupo artístico colectivo donde estaba originalmente García.

Hoy, con el nombre de La Casa 912, el caserón de la calle Dodera funciona como residencia-taller, donde se hace serigrafía y entre otros artistas expone el pintor Martín Canobra.

El centro de Maldonado ha cambiado también en otros aspectos. Integrantes de esa misma generación treintañera han abierto hostels, y ya no es raro ver europeos, estadounidenses o asiáticos caminando por el recto damero castellano en temporada veraniega.

Ante la creciente demanda, abrieron restaurantes de calidad y casas de comida vegetariana donde antes había kioscos y estudios jurídicos.

Ser indie y no morir en el intento
En la sociedad de mercado en la que vivimos, cualquier idea de independencia del circuito comercial implica o bien una alta suma inicial de parte del interesado o la condena al fracaso.

Pero el indie fernandino demostró que se pueden encarar proyectos culturales de forma colectiva y pagar las cuentas. Villa Rosita y La Casa 912 son dos ejemplos. Los sellos independientes también. Y el entrecruzamiento y la colaboración en red entre todos cierra una ecuación que les permite seguir sobreviviendo.

“Se puede trabajar todo el año, sin depender solo del verano”, confiesa De León. Esto tiene como consecuencia que jóvenes de las generaciones que vienen detrás se queden en la ciudad y no emigren a Montevideo en busca de trabajo.

Los grupos también se benefician un poco de todo este barullo. En el caso de los Sony Chiba –formados en 2004 bajo una fuerte influencia de los montevideanos de Los Supersónicos–, se largaron al agua con un proyecto personal y raro para el momento.

Fueron al programa de radio La Nona, de Juanjo Pucciano, y tuvieron muy buena recepción. Los invitaron a un show en el club Defensor y ahí estaba el productor Pablo Soñora, de Montevideo Records, que se les acercó y les dijo que quería grabar un disco con ellos.

Se presentaron a unos Fondos Concursables y allí ganaron $ 28 mil.

“Con esa plata hicimos maravillas”, dice Da Silva. Sony Chiba completó el disco homónimo, con 11 temas propios, que presentarán a mediados de diciembre en Villa Rosita, donde también les hicieron el diseño gráfico del disco. La retroalimentación es casi en directo.

¿El éxito de Sony Chiba? La originalidad. “No hay otra banda que haga esto. Quizá si hiciéramos rock o punk, hay muchas. Somos una banda que se anima a hacer algo diferente”, dijo Da Silva.

Fiestas, derrumbes y cine
Otro elemento en común que tiene el movimiento independiente de Maldonado es el carácter contracorriente de las tendencias de propiedad intelectual. En el caso de Villa Rosita, sus integrantes utilizan el concepto de copyleft en vez de copyright: los derechos están abiertos a la copia.

“En nuestro contexto, lo colectivo genera independencia”, resumió De León.

Las eventuales frutillas en la torta indie son, por un lado, el colectivo Funk you!, un grupo de jóvenes que organiza movidas culturales en espacios novedosos.

“El objetivo no es solamente compartir talentos novedosos y medios expresivos diferentes, sino también, y lo que para nosotros es aun más importante, poder crear un espacio temático y puramente conceptual, reflejando una época de cambios y una generación proactiva culturalmente”, dice en su página de Facebook. Recientemente, Funk You! intervino casas que están a punto de demolerse por el impulso inmobiliario en predios donde se van a construir edificios, y realizó fiestas con exposiciones de plástica, fotografía y música en vivo.

Por otro lado, la productora fernandina Potemkin Films, de Sebastián Contrera y Carlos Méndez, está editando su documental El placer, sobre la interacción urbana entre Maldonado y Punta del Este.

El festival del fin del mundo

Esta tarde a las 19 horas, en el jardín de una casa en Playa Hermosa, comienza la primera edición del festival musical Fin del Mundo, que reúne a ocho bandas de música indie, a saber: Todavía Tristes Tigres, Limpiando Encontré Monedas, Lucas Meyer, Muertos Mágicos, Dead Fishes, Los Cuzcos, Uoh! y Bogo, Dios de los Hombres.

Son cuatro bandas de Maldonado y cuatro de Montevideo. Canciones de estas bandas pueden escucharse en sus respectivas páginas de Facebook. En el festival también participan tres sellos independientes montevideanos: Esquizodelia, Feel de Agua y Módulo Records.

Salvador García, integrante de Limpiando... y uno de los organizadores del festival dijo a El Observador que este evento “es un toque que está fuera del circuito oficial, que no cuenta con apoyo político de ningún tipo, y que no pasa por una cuestión burocrática de la que no queremos participar”.

La idea de los organizadores es registrar el concierto y colgarlo en la web para su descarga directa.

“Luego si hay gente interesada en comprarlo en soporte físico, mucho mejor”, explica García. Este sería el primer disco del sello Milky Way, en construcción. Además, gente de la productora Torcaza va a registrar el evento en video para confeccionar un documental. ¿Es una especie de All Tomorrow’s Party a la fernandina? “Ja, ojalá que sucediera algo así”, augura el músico. Para llegar a la casa debe tomarse por ruta 10 hasta Playa Hermosa. Ya en el balneario, el predio queda en la esquina de las calles 5 y 16.

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