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Pablo Giorgelli, director de la película argentina Las acacias (en cartel en Cinemateca 18), estuvo cuatro años desarrollando el guión final del filme, luego filmó la película en cinco semanas y pasó siete más editándola junto a su esposa, la montajista María Astraukas.

La película quedó pronta en marzo de 2011 y enseguida se presentó en el festival de Cannes. Para la completa sorpresa de Giorgelli, la película no solo fue aceptada en la sección “La semana de la crítica”, sino que además se llevó el premio Cámara de Oro. “Las acacias es mi primera película y este fue el primer festival de mi vida”, dice Giorgelli, todavía con una sonrisa en la cara ante el recuerdo.

Desde entonces, la película ha tenido un proceso ascendente. El premio de Cannes le dio chapa internacional e hizo que se presentara en varios festivales por el mundo, ganara diversos premios, además de ventas para televisión.

En noviembre pasado se estrenó en Argentina y en enero en Europa. Ahora, a más de un año de su presentación en Cannes, llega a la pantalla uruguaya.

El director reconoce la dificultad de la distribución. “Hubo que pelearla bastante en Argentina. El año pasado se hicieron 120 películas, pero muy pocas llegaron al circuito comercial. “Cada vez hay menos espacios para las producciones alternativas. Es muy difícil ver cine de América Latina en América Latina”, dice Giorgelli en diálogo con El Observador.
Génesis de la película

El proyecto de Las acacias se conecta con un momento de crisis personal.

“Empecé a escribir el guión de una historia que tenía que ver conmigo mismo. Habla de la paternidad, coincidió con la enfermedad de mi padre, y con una paternidad propia que todavía no había llegado. Soy un porteño de La Boca, pero conozco mucho Misiones, donde viven y trabajan muchos paraguayos. Para el guión pensé en un viaje y dije: ¡Paraguay!”, explica el director del filme.

El proceso fue largo y se sucedieron diferentes versiones del guión, que transformaron al personaje principal, el camionero Ruben.

“Esa transformación no estaba lejos de la transformación que estaba viviendo mi vida”, agrega Giorgelli.

Las acacias cuenta la historia de este camionero argentino que recoge a una mujer paraguaya con un bebé y accede a llevarlos hasta Buenos Aires. En el camino suceden cosas que cambian las percepciones que uno tiene del otro.

“Es una road movie latinoamericana”, sentencia el director.

Un rodaje complicado
Fueron cinco semanas en tres locaciones diferentes: en Clorinda, frente a Asunción, en la ciudad de Esquina, en Corrientes, y en el Gran Buenos Aires.

“Con el equipo de rodaje hicimos 1.500 kilómetros. Éramos una caravana de cuatro camiones, dos para filmar, uno falso, y unas 40 personas en total”, cuenta Giorgelli, quien además había recorrido esa ruta antes unas siete veces buscando locaciones y planos.

“Es una película que luce muy simple, pero fue compleja de filmar: tuvimos que rodar en movimiento, con una dependencia total del clima, además de la dificultad extra de filmar con un bebé, con el que tenés que tener una enorme paciencia y siempre estar listo para la acción”, confiesa el director.

El encuentro con los actores también fue un poco fortuito. Para llegar a la carita comestible de Nayra Calle Mamani el director realizó un casting de 250 bebés. “Posibles demoras en el rodaje me ponían contra las cuerdas, porque los bebés crecían”, dice Giorgelli.

La actriz paraguaya Hebe Duarte no es actriz profesional, sino que era la ayudante del casting. Para el papel de Ruben, Giorgelli hizo casting en las rutas. “Quería un camionero real pero me di cuenta de que necesitaría un actor. Germán (De Silva) es maravilloso. Tuvimos mucho ensayo para encontrar el tono adecuado a la historia, que no tiene música y nunca cae en la sensiblería”, agrega.

La historia lineal del filme, la experiencia de Giorgelli como documentalista y el manejo de esa estética (como en la escena inicial de la tala de los troncos que transporta Ruben) está presente en Las acacias, aunque Giorgelli quiere despegarse del cine minimalista de directores como Carlos Sorín.

“Más allá de las diferencias culturales, Las acacias ha funcionado bien en el mundo porque tiene un factor común al ser humano: la emoción. Desde esta perspectiva, es una película popular” , dice Giorgelli, aunque reconoce que allí “el cine argentino encontró una nueva forma de decir cosas”.

Giorgelli pertenece a una generación de recambio. Fue compañero de clase del director Pablo Trapero en la Universidad del Cine.

Dueño de un pub
Además de director de cine, Pablo Giorgelli es dueño, junto a un par de amigos, de un pub irlandés cerca del Obelisco de Buenos Aires. “Desde hace 11 años tenemos The Clover, en avenida de Mayo y Piedras”, dice.

Ya tiene nuevos proyectos para el futuro. “Quiero abrir un restaurante y hacer otra película. Se trata de la relación entre un niño de 10 años y su abuela, y se ambienta en La Boca en el presente”, cuenta entusiasmado, mientras se apronta para ser padre.
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