El Mundial de las macanas
Al episodio de corrupción en la designación de Catar 2022, se le suma un escándalo millonario con la reventa de entradas de “cortesía”, que salpica al sobrino de Joseph Blatter
La organización sin fines de lucro más rica del planeta está nuevamente en apuros. Como si no alcanzara con un escándalo de corrupción, que les costó el cargo a varios dirigentes, con la venta de votos para la adjudicación de Catar como sede de la copa del mundo de 2022, el cambio de reglas locales para permitirse explotar comercialmente la venta de alcohol en los espectáculos deportivos, la estricta sanción a Luis Suárez y el perdón a otros futbolistas involucrados en jugadas de mayor violencia, la falta de un minuto de silencio para una leyenda como Alfredo Di Stéfano, ahora se sumó otro escollo: la reventa ilegal de entradas protocolares.
“No van a ensuciar mi nombre por 200 dólares”, atinó a escribir Humberto Grondona, hijo del titular de AFA, luego de que una entrada a su nombre se comercializara en el mercado negro.
Rápida de reflejos y con la misión de evitar un escándalo aún mayor, FIFA le pidió explicaciones a Grondona, quien admitió en declaraciones al canal TyC Sports haberle vendido esas entradas protocolares (prohibidas de venta) a un amigo. Sin embargo, el director de márketing de FIFA, Thierry Weil, descartó abrir una investigación.
A su vez, el órgano rector del fútbol mundial solicitó un informe a Match, la empresa que tiene la exclusividad de la venta de paquetes a raíz de una investigación llevada a cabo por la policía federal y denominada Jules Rimet, atenta a la reventa ilegal de entradas.
La policía incautó 131 entradas protocolares vendidas, de las cuales 71 eran comercializadas por Match, empresa perteneciente a los hermanos mexicanos Enrique y Jayme Byrom.
Sin embargo, FIFA volvió a dar muestras de su cinismo cuando se investigó sobre la empresa encargada de los boletos, ya que uno de los accionistas minoritarios es la Infront Sports Media, cuyo presidente es Philippe Blatter, curiosamente sobrino del titular de FIFA, Joseph Blatter.
La empresa tiene base en Suiza, país de nacimiento de Blatter y es propietaria de los derechos televisivos y retransmisiones de la copa del mundo.
Consultado por el diario O Estado de San Pablo, Joseph Blatter negó estar al tanto de la operación. “Yo no sé nada de eso. Y no me ocupo de ingresos. Yo me ocupo de la política”, declaró.
El lunes, la policía brasileña detuvo a Ray Whelan, director de Match, que facilitaba las entradas protocolares para su comercialización de manera ilegal.
Otro de los implicados en la maniobra es el francoargelino Mohamadou Lamine Fofana, quien también fue arrestado la semana pasada.
La policía accedió a las conversaciones telefónicas entre Fofana y Whelan, previa autorización de la justicia, con el objetivo de recabar mayor información sobre el caso.
Whelan negó en todo momento, acompañado por dos abogados en la comisaría, haber negociado boletos con Fofana durante la Copa, aunque hay evidencia que demuestra lo contrario.
“Tenemos como prueba 900 llamadas durante el evento. Eso tenemos de prueba y él lo niega”, declaró el comisario a cargo de la investigación, Fabio Barucke. Si es hallado culpable, Whelan podría enfrentar cuatro años de prisión.
Según informó ayer la Agencia Francesa de Noticias (AFP), el director de Match pasaba entradas VIP o de cortesía a Fofana, que luego eran revendidas gracias a las agencias de viaje internacionales.
Whelan fue liberado ayer tras imponer un recurso de hábeas corpus, pero debió pagar una fianza y entregar su pasaporte asumiendo el compromiso de no abandonar el país. La investigación prosigue.
Las entradas VIP o de cortesía, cuya comercialización está prohibida, son destinadas a ONGs, patrocinadores de la copa y familiares de los jugadores. Una cifra cercana a las mil entradas eran revendidas ilegalmente por partido, a un precio base de € 1.000 cada una y en modalidad de remate según informó el fiscal Marcos Kac de Río de Janeiro.
El sitio de noticias G1 informó que la policía incautó un centenar de boletos en la habitación de Whelan, US$ 1.300, una computadora portátil y un teléfono celular, que serán sometidos a peritajes.
Según trascendió, la justicia brasileña asegura que la banda delictiva operaba desde el mundial de Corea-Japón 2002 y repitió su modalidad en 2006, 2010 y 2014, embolsando una cifra que ronda los US$ 95 millones.
La imagen de la FIFA sigue cayendo en picada.