En un intento de cambio de la política exterior estadounidense, el presidente Barack Obama ha tratado de acercarse a sus enemigos, entre ellos Irán y, desde las negociaciones para que Teherán se avenga a un acuerdo por el programa atómico, ha buscado reducir la proliferación de las armas nucleares a nivel global. De cualquier modo, Estados Unidos y otros ocho países poseen ese tipo de armamento y no existen indicios de que quieran disminuir ese arsenal.
Las potencias occidentales (EEUU, Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Alemania) lograron esta semana que Teherán se aviniera a un acuerdo –con la promesa de reducir las sanciones económicas– por el cual se compromete a no enriquecer uranio a más de 4%, a fin de quedar dentro de los fines pacíficos que siempre pregonó el gobierno iraní.
El mundo nuclearizado
Las mismas potencias occidentales que lograron que el gobierno iraní aplacara su programa nuclear mantienen sus planes atómicos, y –en algunos casos– los expanden