Qué ha estado haciendo Brian May desde que tocó Dios salve a la Reina en el techo del Palacio de Buckingham? ¿Trabajando en un nuevo álbum? No: escribiendo una historia del universo.
Qué ha estado haciendo Brian May desde que tocó Dios salve a la Reina en el techo del Palacio de Buckingham? ¿Trabajando en un nuevo álbum? No: escribiendo una historia del universo.
Antes de ser ídolo del rock, May cursó un doctorado en astronomía en el Imperial College de Londres. Ahora, con más de 40 años, volvió al tema en un libro que escribió juntamente con Sir Patrick Moore, astrónomo, y Chris Lintott, que conduce, junto con Moore, Sky At Night en la BBC. Se llama Bang! the Complete History of the Universe (Bang! La historia completa del universo) y una foto en la página 11 reproduce apenas una parte de su extrañeza: los tres autores -May con aspecto asombrado, Moore malhumorado y Lintott, con su erudición de conductor- en un jardín preparándose, según dice el epígrafe, para observar "el tránsito de Venus." Bueno, ¿por qué no?
Naturalmente, lo más probable es que ellos se sientan igualmente intimidados por él. Cuando May estuvo hace poco en las Islas Canarias, recorriendo el enorme observatorio, todavía sin concluir, que se está construyendo allí, un grupo de astrónomos internacionales se le acercó "y realmente me sorprendieron porque todos trajeron sus guitarras y querían que se las firmara". Parece perplejo.
"Pensé que si yo lo entendía, era muy probable que lo mismo le pasara a la gente en general, y que si yo no lo entendía, había que hacer algo", dice May. "él entiende que los lectores legos necesitan analogías y entonces, por ejemplo, las galaxias espiral son comparadas con embotellamientos de tránsito en la autopista M25 y aparece el extraño toque rockero - "somos polvo de estrellas, somos dorados" dice el epílogo, una cita de Joni Mitchell, para recordarnos en manos de quién estamos.
Se da una interesante polaridad entre la vida de May en la música y su vida en la ciencia, entre el sentido vertiginoso de la insignificancia que uno siente mirando el espacio y la inflación de estar parado en un escenario frente a 60.000 personas. Pregunto cuál de las dos cosas es más emocionante: ¿mirar la luz zodiacal o tocar para una multitud en Wembley? "Hmmm", dice May. "Es diferente, de verdad. Tocar para esos públicos es maravilloso; hay momentos de terror, a los que uno se acostumbra, y, en cierto modo, crece, supongo".
"Creo que en las dos cosas hay algo de pureza. Porque uno puede sumergirse en pensamientos sobre el universo o en la música, y realmente se abstrae. Uno puede estar a un millón de kilómetros de todas las preocupaciones y los problemas personales y el polvo y el humo del lugar real. Es ese mundo en el que estás en tu cabeza pero conectado con algo maravilloso alrededor. Las dos son experiencias indescriptibles. Recuerdo haber pensado, cuando era muy joven, si la vida no es más que mantenernos vivos, ¿para qué molestarnos? La vida tiene que ir más allá del hecho de ser. Tiene que haber algo más elevado. Y para mí ésas son precisamente cosas más elevadas; la música y el arte, las imágenes bellas, y los pensamientos acerca de cómo funcionan las cosas. Me encanta todo eso. Los momentos de descubrimiento".
Su padre, ingeniero electrónico, ayudó a May a hacer una guitarra y el doble interés del chico por la música y la astronomía se prolongó durante todos sus años de escuela y hasta la facultad. Para cuando se recibió, había formado un grupo con otros tres, Freddie Mercury, Roger Taylor y John Deacon. "Todos éramos extraños. Era un grupo extraño y todavía lo es. Ninguno se había licenciado en música; todos teníamos otros títulos. Freddie en diseño gráfico - era un apasionado de su arte, lo fue durante toda su vida. John se había recibido en electrónica y al principio se encargó del diseño de gran parte de nuestros equipos. Y Roger era biólogo".
Cuando Queen tocó America por primera vez, en el Madison Square Garden de Nueva York, May hizo viajar a sus padres para que lo vieran. Con la idea de relajar las tensiones, por así decirlo. "Quería que papá entendiera de qué iba todo. Salió del concierto, me miró fijo y me dijo: Está bien, lo entiendo. Fue un gran momento. Uno quiere la aprobación de los padres; tal vez crea que no, pero en el fondo es así."
(Por Emma Borckes, The Guardian / Traducción de Clarín)