El papa Francisco celebró este domingo una misa en el estadio príncipe Moulay Abdellah, de Rabat, ante 10.000 fieles católicos, donde pidió que no se caiga en el odio y en la venganza, que solo acaba con el alma de los pueblos.
El papa Francisco celebró este domingo una misa en el estadio príncipe Moulay Abdellah, de Rabat, ante 10.000 fieles católicos, donde pidió que no se caiga en el odio y en la venganza, que solo acaba con el alma de los pueblos.
"Son innegables las situaciones que pueden llevarnos a enfrentarnos y dividirnos" y que "siempre nos amenaza la tentación de creer en el odio y la venganza como formas legítimas de brindar justicia de manera rápida y eficaz", lamentó.
Pero aseguró que "la experiencia" dice que "el odio, la división y la venganza, lo único que logran es matar el alma" de los pueblos, "envenenar la esperanza de nuestros hijos, destruir y llevarse consigo todo lo que amamos", agregó.
A la Iglesia católica instó, además, a no reducirse a ser "una cuestión de leyes y prohibiciones, de deberes y cumplimientos" pues no se puede evangelizar "con voluntarismos, relativismos o integrismos".
Previamente, el papa Francisco rezó el Ángelus en la Catedral de Rabat, en un acto ecuménico junto a las iglesias de Marruecos en el que alabó sobre todo el trabajo de los religiosos y religiosas que trabajan "junto a los hermanos musulmanes".
Antes de pronunciar su discurso, Francisco suscitó los aplausos cuando quiso homenajear a dos de los presentes: el padre Jean Pierre Schumacher, uno de los supervivientes de la matanza en el monasterio trapense de Tibhirine, en Argelia, y la religiosa italiana Sor Ercilia, que con 97 años es la monja decana en Marruecos.
El discurso de Francisco, quien estuvo flanqueado por los Arzobispos de Rabat, Cristóbal López, y Tánger, Santiago Agrelo, estuvo centrado sobre todo en elogiar la labor de los religiosos, a los que animó a seguir "estando cerca de quienes a menudo son dejados atrás, de los pequeños y los pobres, de los presos y los migrantes".
Hasta en cuatro ocasiones Francisco habló contra la idea del proselitismo religioso -una acción que, por cierto, está castigada con la cárcel en Marruecos-, al insistir en que no importa que los católicos sean pocos, sino en el ejemplo de vida que deben dar "junto a los hermanos y hermanas musulmanas".
La labor de los religiosos y sus servicios asistenciales y de caridad con enfermos, presos, ancianos o migrantes sirve para "desenmascarar y poner en evidencia todos los intentos de utilizar las diferencias y la ignorancia para sembrar miedo, odio y conflicto".
Y es que Francisco volvió sobre la idea de la fraternidad universal "golpeada por las políticas de integrismo y división y por los sistemas de ganancia insaciable y las tendencias ideológicas odiosas, que manipulan las acciones y los destinos de los hombres".
EFE