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Hande Culpan, AFP. "Que el amor y la paz estén con vosotros", dijo el Papa en turco al inicio de la ceremonia en ese modesto lugar santo, situado en las inmediaciones de la localidad de Efeso y a unos 100 km al sur del puerto egeo de Izmir.

"Desde esta ribera de la península de Anatolia, puente natural entre los continentes, invocamos la paz y la reconciliación, antes que nada para aquéllos que viven en la tierra que llamamos +santa+ y que como tal es considerada por los cristianos, los judíos y los musulmanes", dijo el Papa durante la homilía.

"La Iglesia está llamada a ser no sólo el heraldo profético, sino incluso más, un 'signo y el instrumento' de esta paz", explicó.

"El Papa (...) dijo más o menos lo que llevamos en el corazón", afirmó Marina Bandirma, de 56 años, una norteamericana casada con un turco que reside en la aledaña localidad de Kusadasi.

Su marido Enver, de 59 años, que es de confesión musulmana, asintió.

A la pregunta de qué opinión le merecían los comentarios polémicos del Papa, que en septiembre relacionó implícitamente islam y violencia, Bandirma responde con misericordia.

La misa del miércoles, como cada paso del viaje Papal, se desarrolló bajo imponentes medidas de seguridad, con militares que controlaban los documentos de identidad de los invitados y de los periodistas antes de permitir su acceso a la Casa de María.

"Es una gran oportunidad poder ver al Papa, sobre todo la primera vez que él viene a un país musulmán", dijo Fernando Alcázar, un español de 45 años que reside en Izmir.

Luego el Papa viajó a Estambul, la antigua Constantinopla, donde en vez de la muchedumbre entusiasta a la que está acostumbrado, fue recibido por policías alineados en las carreteras y francotiradores de élite en los tejados.

Esta tarde Benedicto XVI orará en la iglesia patriarcal de San Jorge y mantendrá un encuentro privado con Bartolomeo I.

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