Un blanco xenófobo y sexista, un hombre proclive a los berrinches, sustituye en la Casa Blanca a un negro de discurso impecable que era el orgullo de los liberals. El péndulo osciló tan fuerte que solo puede indicar una gran disconformidad. A su modo, Estados Unidos padece el mismo desconcierto que azota a casi todo Occidente. Muchas personas sencillas están reprobando el discurso correcto de los políticos profesionales, que hablan de cosas vanas, de derechos virtuales, con palabras gordas y lugares comunes que no coinciden con la escabrosa realidad. Muchas personas hacen exactamente lo contrario a lo que proponen los burgueses de buena conciencia, a quienes detestan. La reacción, el acto reflejo de patear el statu quo, resulta en cosas como Donald Trump, el brexit, los neonazis en Austria y Alemania, Le Pen en Francia, el No en Colombia y los grupos antisistema de izquierda y de derecha que brotan aquí y allá.
El privilegio de la servidumbre
El miedo y el odio son motores de la historia tan poderosos como las ideas, las creencias, el lucro o el amor