Hace medio siglo que no se veía un puma por las calles de Montevideo, pero desde hace algunos días están volviendo a aparecer.
Hace medio siglo que no se veía un puma por las calles de Montevideo, pero desde hace algunos días están volviendo a aparecer.
Los de antes
El primer “puma” nacional en metálico vio la luz cuando el Uruguay independiente cumplió un siglo de existencia. Era de 10 centésimos, fue acuñado en París y comenzó a circular en 1930. El puma estaba en el reverso de la moneda y en el anverso lucía la efigie de una mujer representando la república.
En 1936 apareció un segundo “puma” con pequeñas variantes. Básicamente era la misma moneda pero sin la leyenda “Centenario de 1830”. Tenía 25 milímetros de diámetro, 2 menos que su predecesora y era oriunda de Viena, la capital austríaca.
Unos años después llegó el tercer y hasta hace poco último “puma”. Con más cambios que su antecesor. El valor pasó a ser 1 peso, era de plata y tenía de un lado a dicho animal autóctono y del otro una efigie de José Artigas.
El que entonces se conocía como “el puma de plata” fue elaborado en Chile. Entró en circulación en setiembre de 1942 y fue retirado definitivamente el primer día de 1961.
Según Salvio Sánchez, del Instituto Numismático del Uruguay, no hay un “puma” que haya sido más importante que los demás. “Para un coleccionista, todas las monedas son igual de importantes, porque las quiere y las necesita tener todas”, comentó a El Observador.
Una moneda puede ser más valiosa en función de ser más escasa o haber tenido menor tiraje, pero ese no fue el caso de ninguno de los tres “pumas” de antaño.
“¡Si habré utilizado esas monedas!” explica Sánchez a sus 80 años. También recuerda que no eran monedas particularmente apreciadas, amén de quienes atesoraban las de plata por estar hechas con un metal precioso. Pero puestos a comparar, el boleto puede ser interesante como unidad de medida. Mientras que hoy se precisan dos “pumas” para poder pagar un boleto de ómnibus capitalino, en 1930 ó 1936 un “puma” alcanzaba para abonar dos viajes (el boleto costaba 4 centésimos) y en 1942 se podía invitar a toda la familia, incluso una numerosa como eran las de entonces.
Sánchez estima que “con un puma del ‘42 de plata te podrías tomar como 15 viajes”, pero no era lo recomendable. “Le dabas al guarda una moneda de un peso del ‘42 y te sacaba de copete”. Cada nuevo “puma” versión 2011 equivale, hecha la conversión a los antiguos pesos de 1930, a 100.000.000 de monedas del primer “puma”.
El tero quedó esperando
A diferencia del puma, los otros animales que actualmente componen el “cono monetario” uruguayo sí están haciendo su debut en estos menesteres.
La mulita (1 peso), el carpincho (2 pesos) y el ñandú (5 pesos) son tres exponentes de la fauna nacional que están presentes en monederos y bolsillos desde comienzos de este 2011. Pero no son los primeros animales que lucen en monedas uruguayas, pues con anterioridad fueron acuñados los dos que hay en el escudo nacional: el caballo y el buey.
El tero también iba a formar parte de la serie actual pero quedó por el camino pues el valor de la moneda que lo iba a tener –50 centésimos– salió de circulación con anterioridad.