Pero a medida que el modelo económico basado en el consumo empezó a dar muestras de agotamiento, los analistas comenzaron a notar que “el relato” ingresaba en un período de rendimientos decrecientes.
Tanto que las encuestas arrojaran una creciente desaprobación hacia la gestión presidencial, que llega actualmente al 58%, según la consultora Management &Fit.
Es que un primer semestre con la economía estancada, sumado a una serie de hechos negativos de alto impacto, como la tragedia ferroviaria de la estación Once (que desnudó la ineficiencia del sistema de subsidios a los gestores privados del transporte), los hechos de corrupción que salpican a varios funcionarios (empezando por el vicepresidente Amado Boudou) y la adopción de medidas antipáticas como las restricciones a la compra de dólares, cambiaron el panorama.
Tanto, que muchos creen que, a esta altura, “el relato” dejó de ser un activo del kirchnerismo y no solamente no logra disimular los errores sino que empezó a jugar una especie de “efecto boomerang”.
Lo cierto es que, situaciones que en otros momentos habrían pasado inadvertidas para la opinión pública, ahora provocan protestas que llegan incluso a la violenta modalidad del “escrache” a funcionarios en sus domicilios particulares.
Esto ocurrió en las últimas horas, cuando el juez Norberto Oyarbide, sospechado de estar alineado con el gobierno por la indulgencia con la que ha tratado causas de corrupción, sufrió un cacerolazo en su casa y se vio obligado a apartarse de un juicio contra el secretario de Comercio, Guillermo Moreno (quien también sufrió un escrache a domicilio).
Una sociedad hipersensibilizada
Cuesta creer que la sociedad argentina, que el año pasado, en plena campaña electoral, se mostró indiferente al “caso Shocklender” –que implicó un millonario desvío de dineros oficiales a través de un plan de viviendas de la fundación Madres de Plaza de Mayo– ahora se muestra hipersensibilizada al punto de reaccionar ante un sorteo para ver qué juez debería atender una causa.
Pero este es el escenario de la Argentina “poscacerolazo”, donde sin partidos, liderazgos ni discurso articulado, la sociedad empezó a manifestar en forma directa su disgusto con las políticas del gobierno.
Lo supo la propia Cristina Fernández de Kirchner en su reciente visita a Estados Unidos. Es un viaje que realiza todos los años, y donde solía sentirse cómoda.
La presidenta encontraba una gran oportunidad de amplificar “el relato” a nivel internacional al exponer ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde fustigaba al Fondo Monetario Internacional y a las calificadoras de riesgo crediticio.
Y la agenda solía completarse con charlas ante empresarios, a quienes impresionaba con las cifras de crecimiento económico que había tenido el país, contrastando fuertemente con un mundo recesivo.
Este año, en cambio, el periplo estadounidense le ha significado un revés, tanto a nivel externo como interno. Primero, tuvo que afrontar un “minicacerolazo” de argentinos en Nueva York.
Pero, sobre todo, sintió en carne propia cómo su modelo político y económico ya no cautiva como antes. El caso emblemático es el de YPF, la mayor empresa del país, y causa de la última cruzada épica del kirchnerismo.
La cruda realidad es que a YPF, aun con el atractivo de poseer el tercer mayor reservorio de shaleoil del mundo, le cuesta enormemente seducir a los socios internacionales. Cristina Fernández de Kirchner ya se reunió con el ruso Vladimir Putin y con el chino Wen Jiabao, sin éxito en lograr inversiones de esas dos potencias.
Esta semana, en su gira estadounidense, la presidenta estuvo con RexTillerson, CEO global de la petrolera Exxon, en un intento por mostrar avances en negociaciones bilaterales.
Pero las condiciones que plantean los candidatos buscados por la Argentina equivalen prácticamente una negativa a invertir.
Todos piden garantías para asegurarse que no les ocurrirá lo mismo que a los españoles de Repsol, y por consiguiente quieren liberar los precios petroleros y que se les dé libre remisión de ganancias al exterior.
Mientras tanto, el único dinero que logró la YPF reestatizada fue un bono de unos 320 millones de dólares, donde dos tercios del dinero vino del bolsillo del Estado: lo puso la Anses, el organismo que administra el sistema jubilatorio.
Contradicciones en Georgetown
El síntoma más evidente del agotamiento del “relato” de la mandataria no llegó –sin embargo– por causa de una disputa con políticos opositores, ni por medios de comunicación críticos, ni por empresarios desconfiados. Vino de la mano de los estudiantes de la Universidad de Georgetown, en Washington.
Lo que estaba originalmente programado para que fuera una jornada amable, para el lucimiento retórico de la presidenta, se terminó convirtiendo en escenario de uno de sus peores momentos políticos.
Ante las preguntas estudiantiles totalmente previsibles sobre la manipulación de las estadísticas o la mala relación con la prensa, la presidenta se mostró titubeante, insegura y contradictoria como pocas veces se la había visto.
Así, pronunció la que probablemente sea su frase más controversial del año: “Si la inflación fuera del 25%, el país estallaría por los aires”.
Su argumento es que no podría haber el nivel de consumo que hay en la Argentina si realmente la inflación fuera alta.
Pero los economistas opinan exactamente lo contrario: es precisamente por la alta inflación que los argentinos sienten un desestímulo hacia el ahorro y se vuelcan a un “consumo defensivo”.
En su intento de defensa, la presidenta llegó al extremo de provocar roces a nivel diplomático. El listado de definiciones polémicas incluye:
–Profundizó sus críticas al Fondo Monetario Internacional hasta poner al borde de la ruptura la relación del país con el organismo;
–puso en duda la veracidad de las estadísticas inflacionarias de Estados Unidos;
–se quejó del déficit de cuenta corriente estadounidense;
–fustigó las políticas monetarias y fiscales de toda la eurozona;
–cuestionó, por ser reñida con el crecimiento, la política de metas de inflación (la que siguen los socios del Mercosur, sin ir más lejos).
Pero, sobre todo, al verse obligada a responder preguntas de los estudiantes en la Universidad de Georgetown, la presidenta se expuso a realizar una defensa resbaladiza de su modelo económico, en la cual generó más dudas que certezas.
Allí repitió una de sus definiciones preferidas: que la Argentina, teniendo una cultura altamente dolarizada, tiene la desgracia de no poder emitir dólares, y por eso se ve obligada a tomar algunas medidas desagradables.
Un objetivo prioritario para las divisas, subrayó, era honrar el pago de deuda externa. Y, transformando el defecto en virtud, le explicó al auditorio que había decidido evitar el mercado de capitales para pagar estas obligaciones financieras.
No explicó que, en realidad, esa decisión es más impuesta que voluntaria, porque hoy la Argentina tiene prácticamente vedado el acceso al crédito.
En definitiva, Cristina Fernández de Kirchner contradijo a sus propios funcionarios, dio argumentos que en realidad confirman tácitamente el nivel de la inflación que señalan los economistas independientes, mostró inconsistencias conceptuales sobre política económica y confirmó que el cepo cambiario llegó para quedarse mucho tiempo.
Tal vez sin ser conscientes de ello, los estudiantes de Georgetown que ayer tuvieron la posibilidad de interrogar a la presidenta lograron que “el relato” dejara en evidencia sus contradicciones como nunca antes.
Las frases tras el paso de la presidenta por Georgetown
“Si la inflación no fuera del 25%, con los aumentos que homologa el Ministerio de Trabajo los trabajadores argentinos serían más ricos que Bill Gates”
Enrique Szewach, economista
“Si el país no saltó por el aire aun con inflación de 25%, es porque los argentinos ya estamos acostumbrados a estos niveles, y para que exista una crisis se necesitaría guarismos más impactantes”
Víctor Beker, autor de libros de textos sobre macroeconomía
“El FMI solo pide lo que pedimos muchos argentinos: que el gobierno no mienta más con el Indec”
José Luis Espert, economista
“Lo de CFK en EEUU habrá sido un papelón, pero acapara espacio en medios no oficialistas y redes sociales. ¿Atracción de lo bizarro?”
Eduardo Levy Yeyati, exdirectivo de Banco Barclays
“La imagen de gobierno trucho se consolida en el plano interno y se promueve también en el exterior. El relato tiene final abierto. El periplo americano fue planificado como el inicio de otra recuperación. La cátedra alquilada derivó en un desastroso retroceso”
Jorge Asis, analista, exsecretario de Cultura en el gobierno de Menem
“Sin palabras, realmente”
Alfonso Prat Gay, líder opositor