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En su libro El fin de la historia y el último hombre, Francis Fukuyama afirma que la historia, como lucha de ideologías ha terminado. En esa misma línea, muchos músicos y fans afirman que el rock ha muerto.

Ya no nacen grandes bandas que muevan estadios al ritmo de la distorsión, y los rankings son dominados por engendros nacidos de las diferentes combinaciones posibles entre el pop, la electrónica, o el folk.

Bandas como The Black Keys, Arcade Fire, The Strokes o los ya desaparecidos The White Stripes y el solista Jack White, son las grandes excepciones a la regla. Son bandas que nacieron desde las esferas independientes y se hicieron camino hacia el mainstream. Sin embargo, no tienen el éxito masivo necesario para paliar esta carencia.

Los años 90, la última década del rock como ideología, tiene ahora muy pocos exponentes de alto perfil: Pearl Jam celebró sus 20 años sobre los escenarios, demostrando su vigencia. Por su parte, los Foo Fighters, herederos directos de esa era, son ahora la más importante banda de rock actual.

Es por esto que el regreso de Garbage, luego de siete años de silencio, significa algo.
La vuelta de la banda liderada por la imponente y carismática Shirley Manson y comandada por el baterista Butch Vig –reconocido como productor de Nevermind de Nirvana, el más significativo de los años 90–, es importante en dos niveles: se trata del regreso del rock alternativo en su forma más pura. Y segundo: tenemos nuevamente a una mujer como líder de una buena banda de rock.

En varias entrevistas, Manson dijo que uno de los factores de su regreso fue darse cuenta que ninguna banda había tomado su lugar desde su separación. Es que el llamado rock alternativo, un gran paraguas donde entraban bandas tan disímiles como Nirvana y Radiohead, ya no significa nada en el campo actual de la música y ya no tiene nuevos ejemplares.

Es por eso que Garbage, con el lanzamiento de su último disco, Not your kind of people tiene el trabajo extra de resignificar este género dentro de las estructuras actuales.

Su sonido, una mezcla entre el rock más distorsionado y dominantes bases electrónicas, no suena transgresor hoy cuando absolutamente todo encuentra su influencia en la electrónica y hasta Radiohead supo alejarse del rock alternativo cerca del 2000 para experimentar con esos sonidos. En cambio, en plenos noventa ellos eran unos raros. Pero se regocijaron en eso, creando así su lugar propio.

Por otro lado, este año parecería ser el momento en que la frontwoman regresa con la fuerza de sus tacos y sus voces colosales. Además de Garbage, No Doubt también estará haciendo su regreso triunfal, once años después de su último trabajo.

Luego de ellas, bandas como Yeah Yeah Yeahs y Florence + The Machine o las solistas Fiona Apple y St. Vincent hicieron su carrera en un terreno ya arado por las bandas de los 90. Sin embargo, siguen siendo demasiado pocas las caras visibles femeninas que representan al rock. Y a pesar de su excelente trabajo, permanecen bajo la extensa y ubicua sombra de las mega artistas pop.

De esta forma, el regreso de Garbage tiene una utilidad en esta historia: intentar reivindicar el espacio del rock, y de paso, el de la cantante de rock.

Hace unas décadas, la banda creó himnos de la época: Stupid Girl, Only happy when it rains, I think I’m paranoid. Eran favoritos de MTV y vendían millones de discos.

Pero eso era antes, y el ahora es muy diferente. Ya no ocupan el mismo lugar en la esfera musical. Not your kind of people ya no tiene ese tipo de himnos y tal vez sea porque ya no son la voz de una generación. Pero sí representan a unos cuantos melancólicos. Aquellos que se niegan a que el rock muera. Y lanzamientos como este ofrecen una nueva esperanza.

Maravillosas gemas como Control y Battle in me viven y luchan en este disco. Felt es un pop rock al estilo Breaking up the girl, mientras que su primer corte, Blood for poppies se acerca al ritmo pegadizo de Androgyny, ambas canciones del disco Beautiful Garbage de 2001.

Este es un disco que no es suficiente para ganar nuevos fans; no le llega ni a los talones de sus mejores lanzamientos y tampoco regresa a la era de oro de los 90. Pero sí es un intento para callar a aquellos negativos detractores. Y eso ya alcanza.

Después de todo esto es rock resistiendo ante los embates del tiempo. Y es obvio: nadie quiere que muera.
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