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El cacheo en la puerta 10 de la Ámsterdam, donde estará la barra de Peñarol, es intenso. Agentes de la Guardia Republicana se toman unos cuantos segundos en palpar abrigos y revisar bolsillos. A un hincha le encuentran marihuana y no lo dejan entrar. Otros, por el humito que sube al rato, pudieron pasar algo. Pero no ingresaron banderas de Nacional ni elementos provocativos. La Policía extremó los controles y volvió, antes de que empezara el partido, a la tribuna. Después de muchos años, el Estado recuperó la Ámsterdam, y los hinchas, tranquilidad.

La primera bandera que aparece después de la escalinata, en el alambrado contra la tribuna Olímpica, se pregunta: “¿Hasta cuándo por unos pocos pagamos todos?”. Contra ese alambrado, un centenar de barras bravas bombardeó con butacas y vallas a siete policías que custodiaban el ingreso el domingo pasado. ¿El motivo? Barras de Nacional habían desplegado una bandera que recordaba a Rodrigo Aguirre, hincha peñarolense asesinado. “Si no sacaban las banderas teníamos que ir y matarlos a todos”, dice un barra de Peñarol en la Ámsterdam. Recuerda, junto a otros, los incidentes de la semana pasada. Su voz se escucha varias butacas más abajo. Habla a los gritos. A excepción de unos pocos que lo acompañan, el resto de la tribuna se dedica a cantar.

Cantan dos adolescentes muy prolijamente vestidas que se convierten en blancos de piropos, tres muchachos que llevaron a una niñita de dos años con la camiseta mirasol y una familia que se queja porque “Peñarol no juega a nada”. Cantan los hinchas y un centenar de barras que se agrupa, como es tradición, en la mitad de la Ámsterdam.

“Manya, sos mi locura/ Sos la droga que no tiene cura/ Te llevamos en el corazón/ Carbonero, ponga más huevo para ser campeón/ Donde juegues, me vas a ver/ Siempre a tu lado/ Hoy tenés, que ganar/ Barra Ámsterdam siempre va a estar/ Peñarol, es así, el orgullo de todo el país”, cantan.

Sobre ellos, en el último escalón de la tribuna, detrás de una cinta que marca un área de exclusión policial, 11 agentes de la Guardia Republicana con cachiporras y escudos controlan que no haya incidentes.

“Mirá ese la escopeta que tiene”, grita el barra gritón y señala a un agente de la Republicana que camina por la tribuna Olímpica con una escopeta con balas de pintura para identificar a los violentos.

Junto a los incidentes del clásico, el nuevo sistema de seguridad que se estrenó ayer en la Ámsterdam es el motivo de conversación de hinchas y barras durante el primer tiempo. “Se cae un avión de Pluna y le echan la culpa a Bonomi”, se queja uno. Mientras, el equipo juega muy mal. No patea al arco durante todo el primer tiempo. Entonces, en lugar de comentar las jugadas, los hinchas prefieren cantar. Prometen que llevarán a un hincha de Nacional “en un cajón”. Las amenazas de muerte se repiten en los cánticos. No canta solo la barra que se ubica en el centro de la tribuna. Cantan muchos más.

“¿Dónde está la coquita?”, pregunta el gritón. Pide cocaína. El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, dijo el viernes que las barras bravas se disputan la Ámsterdam porque por la puerta 11 pueden ingresar drogas antes de los partidos.

La Ámsterdam tiene capacidad para 14.000 personas y es la tribuna más barata. Ayer unos 4.000 hinchas pagaron $180 para ver el empate cero a cero contra Juventud de Las Piedras. La Ámsterdam es la tribuna más popular del cuadro más popular del país, según la última encuesta de Cifra, que asegura que en Uruguay el 46% son hinchas de Peñarol y el 35%, de Nacional.

En población, la Ámsterdam es más grande que varias ciudades del interior y algunos barrios de la capital. Un pueblo al que la Policía no ingresó durante años. La seguridad estaba a cargo de Peñarol, que, a su vez, le pagaba a barras bravas para que ejercieran el control. El modelo no resultó. En marzo, un hincha fue apuñalado en un baño de la tribuna. Dos jóvenes le robaron dinero. Ese mismo mes, unos perros mastines napolitano miraron un partido desde la tribuna, en una demostración grosera de que los controles fallaban y que la Ámsterdam era tierra liberada.

Ayer, la Policía volvió. No tuvo que disparar un tiro, en parte, porque la Justicia puede ser muy efectiva a la hora de la persuasión, como advirtió Bonomi. Esta semana, la jueza Julia Staricco procesó a cuatro barras aurinegros por los incidentes del domingo.

El Ministerio del Interior informó que hay 50 violentos individualizados y 10 identificados que deberán declarar en los próximos días ante la magistrada por los incidentes del fin de semana pasado. A su vez, 89 barras de Peñarol que provocaron destrozos en el Centro en junio, durante los festejos por la obtención del Campeonato Uruguayo, desfilarán desde mañana y por varios días ante el juez Roberto Timbal.

El Estado, a través de sus poderes, ganó el partido y parece haberle devuelto la paz al fútbol. Ahora tendrá que conquistar la copa. Hoy tiene otro partido complicado: Nacional y Cerro se enfrentan desde la hora 18 en el Parque Central.
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