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El trámite para crear el mail y los celos de Antel a la Udelar: así comenzó Internet en Uruguay

Tras cumplirse medio siglo de internet, ingenieros uruguayos recuerdan anécdotas de cómo la universidad y luego Antel forjaron los comienzos del invento que transformó al país y al mundo

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05 de noviembre de 2019 a las 05:01

El chirrido de acceso al 09091234 generaba el entusiasmo de ingresar en otra dimensión. Cuando el cartel avisaba que se estaba “comprobando el usuario y contraseña”, y la conexión era inminente, la emoción se intensificaba. Para que muchos sintieran esa exaltación en Uruguay, hubo ingenieros que dedicaron interminables horas. En el aniversario 50 de la red que cambió la historia para siempre, cuentan algunas anécdotas.

El primer puntapié en el mundo lo dio Leonard Kleinrock en Silicon Valley el 29 de octubre de 1969. Ese día él y su equipo de la Universidad de California en Los Ángeles logró que una computadora le mandara un mensaje a otra ubicada en la Universidad de Stanford a más de 500 kilómetros.

En Uruguay, la llegada de internet demoró 19 años, un mes y un día. La partida de nacimiento local data del 2 de diciembre de 1988. Ese día, el Instituto de Computación (INCO) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República (Udelar) logró la primera conexión estable de correo electrónico con el resto del mundo de la mano de Juan José Cabezas, su director.

Poco a poco, internet empezó a ser un concepto conocido. Ida Holz, conocida como la madre de internet en Uruguay, vivía en México. Reinstaurada la democracia, decidió regresar y concursar por el cargo de directora del Servicio Central de Informática de la Facultad de Ingeniería de la Udelar. “Hice mal negocio. Tenía un sueldo alto en México y, por más alto que sea el cargo acá, uno no gana mucho”, recuerda.

Pero tenía una misión estimulante. “Me pidieron como directora informática de la universidad si yo podía dar el servicio (de correo electrónico) a toda la universidad. Y dije que sí”, relata.  

El servicio también fue otorgado a la Universidad Católica, la ORT, el Instituto Clemente Estable y al Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria. Fue en 1989. Después se incorporaron nuevos servicios. El concepto de internet como llave de acceso al mundo empezó a concretarse en 1994.

“Teníamos acceso a búsquedas muy primarios”, recuerda.  “Antel estaba muy en contra de nosotros en ese momento (…) No les parecía bien que hubiéramos hecho una sustitución de las comunicaciones. Tuve discusiones en ese momento porque les dije que el motor había sustituido la carreta. Y fue así”. Holz estaba casada con el artista plástico Anhelo Hernández. “Me miraba como si estuviera loca y también con admiración”, comenta.

Las apuestas de Antel y el trámite presencial por el correo

Leonardo Vidal vivió esos comienzos. Corría el año 1995. Trabajaba en lo que se llamaba la Unidad de Sector Técnico de la División Internacional de Antel. Y también estudiaba ingeniería en la Udelar. “No se tenía muy claro qué era y no se sabía mucho el potencial. Como hoy tampoco podemos imaginar lo que será en mucho tiempo”, cuenta.

Un día, cuando volvió de un examen, le dijeron: “Tenés que dedicarte a desarrollar Adinet”. ¿Qué significaba? “Acceso directo a internet”, algo tan novedoso como dificultoso de implementar. Y se puso a investigar. Pidió ayuda a profesores que habían estado en el tema en la facultad y también escribió correos electrónicos al exterior. Los primeros modem eran los V34 y V90, que permitían una bajada de 12 kilobyte. Hoy permiten 60 megabit de bajada.

“A todos nos parecían deslumbrantes esas cosas. El tema es que ahora nadie hace una pausa para pensar las cosas que han pasado en materia tecnológica en este tiempo”, comenta quien hoy se dedica a otra actividad.

Esa oficina se transformó en la creadora de decenas de correos electrónicos a uruguayos. Fue el primer gran servicio de Antel en internet. Ellos hacían hasta de call center y recibían pedidos de los clientes. “Para pedirlo había que hacer un trámite presencial y llenar un formulario. Hoy parece la prehistoria”, rememora. En ese momento, a los clientes se les entregaban los obsoletos disquetes en el que estaba el programa que debían instalar para enviar esos mails.

“Trabajamos madrugadas y disfrutamos muchísimo”, agrega.

La queja más repetida de los clientes era lo que el servicio demoraba en entregar los correos electrónicos. Vidal recuerda el llamado de un hombre del interior que lo llamó dos semanas después de haber hecho ese trámite. “Llamó para preguntar cuándo podía estar disponible y hasta pidió perdón por las molestias causadas”, recuerda entre risas. 

Un cliente llegó a ir con una computadora portátil con Windows 95, una novedad en esa época porque Vidal y su equipo utilizaban el sistema operativo 3.11. Tuvieron que aprender en ese momento cómo configurarle el correo electrónico en un software deslumbrante.

En ese momento, Antel disponía de un enlace provisto por una empresa de EEUU para que sus clientes accedieran a internet. “Es como si hubiera una calle sola para salir de esa ciudad Hoyhay que imaginarse otras calles y hasta autopistas de gran velocidad”, compara Vidal. Era una etapa en la que si se caía ese enlace, tenía dejar su actividad y volver a trabajar. Al principio eran cientos y después miles de usuarios que se quedaban sin internet. Y, como todo comienzo, ese enlace se cayó varias veces. “A veces estaba en un partido de fútbol o de básquetbol y tenía que ir a trabajar”, recuerda. Lo hacía con gusto porque entendía la importancia de internet. Recuerda una caída de dos horas cerca de fin de año y el nerviosismo se apoderó del equipo de trabajo. “Era el momento de las fiestas en el que la familia se conectaba a internet”, dice.

El primer servidor web de una PC estaba debajo de un escritorio. “Era un lugar al que llamábamos ‘la cueva’”, recuerda Carlos Martínez, otro de los funcionarios que en ese momento trabajaban para el desarrollo de internet en Antel. Y el DNS secundario de Adinet, las PC donde se guardan todos los nombres de las web, fue la computadora de Martínez por dos años. “Hoy hay varios clúster (conjunto de computadoras interconectadas) distribuidos en la red de Antel”, agregó el experto.

Ese departamento tenía reuniones con otros estamentos de Antel para ver cómo evolucionaba este negocio a través de gráficas de barras. “Como nosotros éramos los más jóvenes, y andábamos con estos proyectos medio raros, los veteranos nos ‘botijeaban’ un poco”, recuerda.

¿Qué hacían? “Nos ponían en la misma escala el tráfico de la telefonía y el tráfico de internet. El tráfico nuestro comparado con el otro era del 1% del global. Y nos lo mostraban a propósito; era medio una tomada de pelo. Pero lo que no querían ver era que el tráfico telefónico estaba planchado, o paraba de crecer, y el nuestro crecía exponencialmente. Entonces al poco tiempo las barritas fueron comparables”, recuerda Martínez.

Al departamento se le encomendaron varios proyectos. Uno se llamó Uruguay Conecta. El objetivo era ofrecer a los clientes un modelo de conexión para conectarse gratis solo a páginas del medio local. Si el usuario lo hacía a páginas extranjeras, le cobraban. “Fracasó por ideas de implementación que no eran adecuadas”, recordó Martínez.

No obstante, hubo nuevos negocios y planes que transformaron la vida de los uruguayos en internet. El servicio de correo de Adinet llegó a tener más de 300 mil cuentas y más de uno todavía la mantiene. El resto de la historia de Antel es un poco más conocida: Anteldata, planes de ADSL, wifi y la irrupción de fibra óptica con el cambio para siempre en los hogares. 

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