Cansado de que la gremial de taxis lo presione, de que los taxistas realicen acciones violentas contra conductores de Uber (alguna incluso con amenaza de usar armas de fuego), y no al revés como sostiene Óscar Dourado, de que los inspectores tengan que montar operativos de investigación que están al borde de lo legal (o, más bien, del otro lado de lo legal), el gobierno nacional decidió disparar con munición gruesa contra la compañía de transporte norteamericana, no ya para regularizar su actividad, sino para prohibirla lisa y llanamente.
El Uber es lo de menos
La resistencia a este tipo de innovaciones es perjudicial porque son apenas la avanzada de lo que se está viniendo