El último gran provocador
Morrissey ofreció por primera vez en Montevideo su espectáculo sin concesiones ni indulgencias, donde interpretó pocos hits de The Smiths, pero dejó claros sus mensajes
Morrissey se presentó por primera vez en Montevideo y no por ello decidió satisfacer a su público con su amplio repertorio de The Smiths u otros hits de su carrera solista. No apeló a alimentar la memoria emotiva de su devota audiencia ni apostó a los tribuneros saludos en un español farfullado. Lo que hizo, como debía de suponerse, es exactamente lo que él quería. Su show en vivo no es exclusivamente un vehículo para promocionar un nuevo disco o ampliar su territorio en búsqueda de llegar a sus fans de todo el mundo, sino que es la plataforma ideal para expresar sus convicciones ante un gran público. Actitud que es, fundamentalmente, punk.
Quienes lo siguen y conocen su carrera sabrán esperar algunas de las cosas que sucedieron en su show. Otras tantas personas probablemente fueron sorprendidas. Es que el objetivo de Morrissey es dejar en claro sus posturas. Para eso recurre a videos o a la traducción al español de sus letras, cortesía del multiinstrumentalista Gustavo Manzur. Su idea no es que la audiencia se vaya feliz –tal vez eso sea solo una mera consecuencia de ver al ídolo de cerca y en casa–. Su objetivo es hacer pensar, sacudir las estructuras y motivar el cambio social e interno. Y eso, muchas veces, no es particularmente divertido ni feliz.
Mensajes amplificados
Tras una espera de media hora, musicalizada por videos de The Ramones y New York Dolls; una versión del clásico de El Mago de Oz, Ding-Dong! The Witch Is Dead, acompañado por imágenes de Margaret Thatcher; el tema Nutbush City Limits de Ike and Tina Turner y otros más, Morrissey se subió al escenario del Teatro de Verano acompañado de una sentida y fervorosa ovación. "Montevideo, vengo a derramar mi corazón", dijo en inglés. Lo cierto es que lo hizo.
Con sus 56 años, su icónico jopo y su camisa negra abierta hasta la mitad de su pecho, el músico demostró que su voz no fue afectada por el paso del tiempo, mientras que su carisma en el escenario sigue cautivando con sus gestos sutiles y natural expresividad.
En cada una de sus canciones su banda acompañante compuesta por cinco músicos, se desempeñó de manera magistral, ofreciendo una atmósfera extremadamente rockera y directa a las clásicas canciones del inglés.
Los golpes de efecto fueron logrados con un enorme gong y un bombo sinfónico que aportaron otro nivel de dramatismo que no es común en conciertos de rock o pop.
Su repertorio versó en gran mayoría sobre su carrera solista, incluyendo canciones de su más reciente disco, World Peace Is None of Your Business y un puñado de canciones de The Smiths: una impresionante versión rockera de How Soon Is Now?, This Charming Man, Meat is Murder y The Queen Is Dead.
Para cada tema las pantallas ofrecían otro nivel de significación, en ocasiones más evocativo y en otros más explícito y violento. Con la bandera francesa detrás interpretó I'm Throwing My Arms Around Paris. Por su parte, The World Is Full Of Crashing Bores fue acompañada de una imagen del Príncipe William y Catherine con la leyenda "United Kingdumb", y en The Bullfighter Dies las luces se tornaron amarillas y rojas para criticar las prácticas taurinas.
Sin embargo, su show será recordado por dos videos. El primero fue en Ganglord, donde se mostró una sucesión de imágenes de violencia policial extrema, difíciles de ver para cualquier persona.
Pero luego subió la apuesta para Meat is Murder. Su activismo vegano quedó en manifiesto y se transformó en un intento de convencimiento, al interpretar el tema junto a escalofriantes videos de mataderos y diferentes prácticas (industriales o no) de carneo de animales. Una detrás de otra detrás de otra, las imágenes no dieron tregua a la audiencia y silenciaron al teatro. "¿Cuál es tu excusa ahora?", preguntaba la pantalla al final. "La carne es asesinato".
Fue difícil imaginarse cómo podría seguir un concierto después de esto. You Have Killed Me y Let me Kiss You atravesaron como si nada el conmovido estupor, hasta que el músico decidió desgarrar su camisa en el momento justo que cantaba el verso "And think of someone you physically admire". Ahí la audiencia finalmente volvió a recuperar el calor en la sangre y tras gritos y alaridos recibieron con los brazos en alto la camisa mientras volaba sobre ellos.
Para el bis decidió alegrar los ánimos con The Queen Is Dead, que lució en la pantalla un meme del clásico gesto de pocos amigos de la Reina Isabel acompañado por dos manos que muestran el dedo mayor.
Morrissey dijo estar feliz de estar en un país con forma de corazón. Y tal vez esas fueron las palabras más cálidas que dedicó a su público. El peso emotivo de sus canciones y su interpretación en vivo hicieron el resto del trabajo y conquistaron a la audiencia. Pero el verdadero objetivo del músico, expresar sus ideas y sacudir la conciencia, será lo más recordado.