El año pasado los dirigentes políticos que son evangélicos practicantes anunciaron públicamente que para ellos la "ley de Dios" está por encima de la Constitución. Pero cuando el diputado nacionalista Gerardo Amarilla lo repitió hace algunas semanas antes de asumir la presidencia de la cámara baja, sus declaraciones levantaron polvareda en un país que es el menos religioso del continente y en el que religión y política han mantenido una relación tirante o de buena vecindad según la oportunidad y el momento histórico.
El vínculo de la política con la religión en Uruguay
Laicos critican a evangélicos, evangélicos a católicos y la sociedad toda se seculariza; en esta tormenta se agitan valores como el de la familia