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Uruguay culminó ayer una exitosa operación de manejo de deuda, con la emisión de US$ 2.000 millones en un título a 11 años en el mercado internacional, de los cuales se destinó unos US$ 982,5 millones para la recompra de títulos hasta 2025, de acuerdo al precio sin cupón propuesto por las autoridades (ver apunte).

En medio de un contexto internacional difícil para la deuda emergente, Uruguay logró una tasa que se ubica entre las más bajas de las últimas emisiones de países con características similares. La emisión del bono en dólares con vencimiento en 2024 y un cupón de 4,5% anual, fue utilizada en partes prácticamente iguales para ampliar las disponibilidades de caja y recomprar títulos con maduración entre 2015 y 2025.

Según dijo a El Obsevador la directora de la Unidad de Gestión de Deuda del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Azucena Arbeleche, la operación fue “muy exitosa”, en la medida en que le permitió al gobierno crear un nuevo bono de referencia en la curva en dólares a 10 años y “consolidar la política de prefinanciamiento de la deuda”.

El gobierno se propuso mantener disponibilidades en caja para hacer frente a 12 meses de vencimientos de deuda y pagos de intereses. En los últimos meses, sin embargo, ese ratio había caído a una ventana de ocho meses, por lo que se decidió aprovechar el contexto actual para recomponer las posiciones cuando las tasas todavía se mantienen en niveles bajos desde el punto de vista histórico.

El gerente de mercados globales y tesorería de HSBC Uruguay –cuyo banco en Nueva York fue uno de los dos agentes líderes de la operación, junto con Deutsche Bank–, Enrique Goyetche, comparte la visión de las autoridades en cuanto al éxito de la operación.

“Se pudo colocar US$ 2.000 millones en un contexto, que si bien el mercado está tranquilo o calmo, es un riesgo salir con una emisión nueva y más de estos tamaños”, dijo a El Observador.

La tasa obtenida por los títulos colocados, de hecho, fue baja si se compara con países de similares características a las de Uruguay, que emitieron a 10 años en los últimos meses.

Según información procesada por El Observador –con base en datos de mercado proporcionados por Reuters–, en lo que va del año hubo ocho emisiones comparables de siete países con calificación de riesgo como la de Uruguay o con una diferencia de un peldaño encima o debajo en la escala de notas.

Entre esos ocho papeles, actualmente los nuevos títulos de Uruguay son los segundos con menor tasa de retorno (4,5%), únicamente por encima de los colombianos, que tienen vencimiento en 2023 y un rendimiento de 4,1%.

Al comparar además con títulos lationamericanos de un horizonte temporal similar, la tasa del bono global uruguayo 2024 también queda bien parada. Se ubica apenas una décima de punto por encima del global 2024 de Brasil y dos décimas más alto que el de Perú, dos países con una mejor calificación que la de Uruguay. Mientras que el país es evaluado con BBB- por las tres principales calificadoras de riesgo, Brasil y Perú están calificados en BBB, un escalón más alto.

Una nueva referencia

Uno de los dos objetivos del gobierno con esta operación era la de crear un nuevo bono de referencia en el horizonte de 10 años de la curva en dólares.

Según explicó Arbeleche, “tener un bono muy líquido redundará en mejor precio de fondeo”, en la medida en que va a ser atractivo para una mayor cantidad de inversores.

Uno de los principales problemas de los títulos uruguayos a la hora de despertar el interés de los mercados es la falta de liquidez en los distintos títulos. Si hay poco circulante de un papel, es más difícil para los inversores, si así lo desearan, deshacerse de esos títulos antes del vencimiento. Por eso los inversores penalizan con una mayor tasa de interés exigida los títulos que tienen problemas de liquidez.

El bono 2024 emitido por el gobierno es el más líquido entre los títulos uruguayos que actualmente cotizan en el mercado global en moneda extranjera.

La mayor liquidez fue el principal atractivo que vieron en el título 2024 los inversores que estaban posicionados en valores con vencimientos cercanos a esa fecha, como el bono 2022 y el 2025, y que decidieron canjear sus títulos por el nuevo bono.

De este modo, la deuda uruguaya tiene títulos de referencia con una importante liquidez a 10, 20 y 30 años.

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