Hace exactamente 25 años, Margara Shaw, apasionada por el diseño y la moda, comenzó a crear carteras y cinturones para uso personal y para sus amigas más íntimas. Nunca imaginó que ese hobbie se transformaría en una marca que hoy tiene seis locales y 40 empleados.
La diseñadora es autodidacta y creó sola sus primeras colecciones. Con el tiempo se fueron incorporando a la empresa sus hijas y comenzaron a profesionalizarse. El crecimiento fue paulatino: de la buhardilla de la casa se mudaron a una boutique en el jardín, que rápidamente les quedó chica. En el 2000 abrieron su local de Carrasco en la calle Sáenz y dos años más tarde, en plena crisis, se ampliaron a Pocitos. En 2005 dieron el salto al mercado de los shopping con el ingreso al Punta Carretas y en 2007 llegaron a Punta del Este y a la Barra con su summerstore, donde compiten directamente con importantes marcas de categoría mundial.

¿La vestimenta es un rubro difícil para emprender?
Sí, porque la ropa es perecedera, hay quienes dicen que es como vender lechuga, hoy está fresca y mañana marchita. Exige renovarse constantemente y ajustar los diseños, las colecciones, las cantidades. Porque podés producir muchas unidades, pero si vendiste sólo la mitad, no habrá ganancia. Al principio fallé bastante en este aspecto, porque no estábamos tan profesionalizados. Ahora tenemos un departamento de planificación que estudia ventas históricas de temporadas pasadas y también analiza lo que propone la moda.

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¿Cómo compiten con las marcas internacionales?
Hoy hay mucha competencia, antes no pasaba eso. Desembarcaron muchas marcas internacionales en los últimos años. Cuando llegó Zara a Montevideo, nos hizo replantearnos nuestra empresa, veíamos la oferta tan grande que tenía, cómo adelantaban las colecciones, porque en pleno febrero ya les llega la colección de otoño- invierno y en julio tiene las colecciones de verano. Ese cambio fue muy fuerte porque nos obligó a adelantar nuestras colecciones también. Sólo se les puede competir con calidad, buena atención, producto y diseño.

¿Qué ha cambiado en estos 25 años?
La mujer uruguaya se preocupa cada vez más por su imagen. Creo que el marketing y publicidad de empresas como la nuestra ha contribuido a ese cambio.
Antes no nos encargábamos de la publicidad; con el tiempo incorporamos una agencia y empezamos a hacer promociones, la página web, sacamos avisos en revistas, mandamos flyers. Con eso vas entrando y actualizando a la mujer. Cuando empezamos con esas estrategias, notamos el cambio en la empresa: uno tiene que ir también acompañando a los momentos actuales.
Ahora estamos trabajando con nuestro Facebook y Twitter, además de haber renovado nuestra página web y tener videos de los desfiles en Youtube. Son herramientas multiplicadoras.

¿De qué se encarga usted hoy en la empresa?
El ojo del amo engorda el ganado: hay que estar en todo. Ahora trabajo más en el departamento central, que es donde se cocina todo. Pero voy a los locales y cuando entro, veo cada detalle. Una vez estaba en mi local de Punta del Este, me agaché a levantar un papel del suelo, una señora se acercó y me preguntó si era la propietaria, me dijo que ella también dirigía una boutique y hacía exactamente lo mismo. Hay cosas que ve la dueña y nadie más.
Cada detalle importa; por suerte mis hijas también lo están aprendiendo, es importante que lo vean. Hay que conservar ese espíritu.
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