5 de octubre de 2023 5:03 hs

Podemos vivir sin petróleo, oro y aluminio. Incluso es posible imaginar la supervivencia de la especie humana ante la desaparición de algunas especies vegetales y animales, pero no sin agua. Junto con el aire que respiramos es nuestro bien más preciado. El sostén biológico más básico. Hoy, su escasez es una realidad que amenaza a muchas regiones.

Una de ellas es el condado de Santa Bárbara, en California, una zona de clima estepario con veranos muy cálidos y casi sin lluvias. Allí, los pobladores de New Cuyama, un pueblo de poco más de medio millar de habitantes, le han declarados un boicot a las zanahorias que producen los grandes agricultores de la zona. El motivo: el uso del agua subterránea.

En las colinas de esta remota zona agrícola de California, Lee Harrington monitorea cuidadosamente las gotas que humedecen sus pistachos para asegurarse que el sistema no esté desperdiciando el recurso. Sin embargo, al igual que otros pequeños agricultores y ganaderos de New Cuyama, se ha visto involucrado en una demanda iniciada por dos de los mayores productores de zanahorias de Estados Unidos.

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La presentación legal es por el derecho a bombear más agua subterránea. Las demandantes son Grimmway Farms y Bolthouse Farms. La primera es la mayor productora y transportista de zanahorias del mundo, popular en el mercado estadounidense por la “zanahoria baby”, cosechada antes de alcanzar la madurez. La segunda, fundada en 1915, es una empresa agroindustrial integrada verticalmente que, entre otros productos, popularizó el “hot dogs de zanahoria”.

La decisión de las compañías provocó la reacción de los residentes del poblado ubicado a unos 160 kilómetros del noroeste de la ciudad de Los Ángeles. Además de lanzar una contraofensiva legal han colgado grandes carteles a lo largo de la carretera que llega New Cuyuma llamando a los visitantes y a quienes están de paso a boicotear las zanahorias producidas por ambas firmas. Esto en una zona que según los especialistas registra la peor sequía en 1.200 años.

"Es literalmente alucinante la cantidad de agua que utilizan, y ahora quieren la nuestra. Se oponen a que las autoridades les digan la cantidad que pueden usar", explica Harrington. El hombre, además, explica que ha tenido que desembolsar unos US$ 50.000 para hacer frente a los gastos legales con el objetivo de ponerle límites a las empresas.

La batalla en los tribunales representa una nueva ola de desafíos por el uso del agua, uno de los recursos históricamente más preciados y disputados en un estado que explica gran parte de la producción agrícola del país. De hecho, en 2018, en un intento por estabilizar el precio del recurso y evitar litigios, las autoridades habilitaron su cotización en el mercado mediante el Nasdaq Veles California Water Index.

El ticket, como se conocen en la jerga financiera, habilita la compra derechos por una determinada cantidad a un precio fijo que se establece para el futuro. Según el Chicago Mercantile Exchange, bastión del liberalismo y primer mercado de futuros del mundo, el índice debería permitir a agricultores y municipios una mejor gestión de los riesgos asociados a un insumo cada vez más escaso. En los hechos, la iniciativa no funcionó.

En la práctica, California durante muchos años no reguló el agua subterránea, lo que permitió a los agricultores y residentes perforar pozos y tomar la que necesitaban. Eso cambió en 2014, en medio de una sequía histórica y cuando los pozos cada vez más profundos provocaron que la tierra se hundiera en algunos lugares.

Hoy, la legislación exige que las comunidades formen agencias locales de sostenibilidad para desarrollar planes que luego deben ser aprobados por el estado. Las cuencas más sobreexplotadas, entre ellas la de New Cuyama, estuvieron entre las primeras en hacerlo con el objetivo de lograr la sostenibilidad para 2040. A estas cuencas le siguieron otras de mediana y alta prioridad.

Casi inmediatamente surgieron disputas, tanto  en New Cuyama como en otros lugares, lo que desencadenó una serie de demandas cruzadas entre comunidades enteras, pequeños productores y grandes compañías, como Grimmway Farms y Bolthouse Farms. Todos los actores quieren defender sus derechos al recurso que tienen bajo sus pies.

En las cuencas de Oxnard y Pleasant Valley, los productores agrícolas iniciaron una demanda debido a la falta de consenso sobre la asignación de las cuotas. En el condado de San Diego, otro pleito, por el mismo motivo, se prolongó durante más de un año hasta que se alcanzó un acuerdo. Según los expertos, apenas un adelanto de lo que podría suceder a medida que más regiones comiencen a establecer reglas más estrictas en torno al agua subterránea.

En New Cuyama, que depende del acuífero para el suministro de agua, el servicio de telefonía celular es irregular y la gente se enorgullece de conocer a sus vecinos. La secretaria de la escuela también es conductora de autobús y un cultivador de hortalizas ofrece servicios de herrería. Alrededor del pueblo, se extienden kilómetros de tierras sembradas con olivos, pistachos y uvas, también con las problemáticas zanahorias de Grimmway Farms y Bolthouse Farms.

Desde el principio, ambas empresas participaron en la formación de la agencia que exige la ley para abordar un plan local de sostenibilidad. Sus unidades de producción se encuentran en la parte más sobreexplotada. Ambas compañías sostienen que respetan las cuotas convenidas. Sin embargo, los pequeños agricultores quieren que los tribunales las obliguen a reducir el bombeo en toda la cuenca, no sólo en sus lotes.

"No quiero que se seque el acuífero porque entonces todo lo que tengo es un pedazo de grava sin agua, lo que significa que es tierra desértica, que no tiene valor para nadie", dice Dan Clifford, uno de los pequeños productores de la zona. “Lo que estamos tratando de lograr es la sustentabilidad de la cuenca. Entendemos que la justicia debe ponerles un límite”, agrega.

Grimmway Farms ha cultivado zanahorias en New Cuyama durante más de tres décadas. Actualmente, sin embargo, cultiva menos de un tercio de lo que producía hace 10 años debido al descenso del nivel del acuífero. Para compensar la situación, la firma instaló aspersores que según dice son más eficientes. No obstante ha debió aumentar las cuotas de bombeo. Como resultado de la escasez y los mayores costos asociados, la compañía comenzó a cultivar zanahorias en otros estados. Sin embargo, no planea abandonar New Cuyama.

La batalla por el agua también involucra a los residentes del poblado, que no sólo están preocupados por el agua que necesitan consumo diario, sino también por las  cada vez más caras tarifas que pagan por el servicio debido, en parte, a los costos asociados a las demandas. Es el caso de la escuela local, a la que asisten dos centenares de niños, niñas y adolescentes. La comunidad educativa lucha por mantenerse a flote.

“Sin agua y con esta tarifas, en poco tiempo más no tendremos escuela”, dice Alfonso Gamino, superintendente y director del establecimiento. “Si la cuenca de agua se seca, puedo imaginar que Grimmway se irá a otra parte, pero ¿qué pasa con el resto de nosotros?”, se pregunta el docente.

Antes de la ley estatal de aguas subterráneas, la mayoría de las demandas se presentaban en el sur de California. Ahora, los expertos legales esperan más casos en las áreas en donde los agricultores, especialmente los grandes, están obligados a reducir drásticamente el bombeo.

"Para una persona promedio o un pequeño agricultor es un panorama perturbador porque la mayoría nunca se ha visto involucrado en demandas", explica Eric Garner, abogado especializado en derechos de agua que trabajó en la ley californiana. "Para las grandes empresas, en cambio, los abogados son una opción económica en comparación con tener que reemplazar su suministro", señala Garner.

Por lo pronto, la mayor parte de las zanahorias que se consumen en el país provienen de California, y los consumidores siguen demandando un suministro constante durante todo el año de las populares “zanahorias baby” y de los no menos populares “hot dogs de zanahoria”; una producción valuada en US$ 1.100 millones el año pasado, según las estadísticas estatales.

Mientras tanto, la demanda espera por su audiencia inicial recién para enero próximo y los aspersores siguen rociando durante ochos horas diarias los lotes de Grimmway Farms y Bolthouse Farms, que luego se dejan secar durante dos semanas para que las raíces de las zanahorias se estiren en busca de humedad.

(Con información de agencias)

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