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Un extendido entusiasmo reina en el Ministerio del Interior por el resultado de una serie de operativos de saturación que se están realizando en todos los barrios de Montevideo y que, según las cifras que arrojaron los primeros 15 días de este mes, redujeron las rapiñas en cerca de 30%.

Hace dos semanas, un jueves a la hora 23, unos 15 policías en patrulleros y motos llegaron hasta la zona de boliches ubicada en Luis Alberto de Herrera y 26 de Marzo. Algunos policías ingresaron a los locales para cerciorarse con los dueños de que todo estaba en orden, en tanto que otros recorrían la zona.
Una fuente del Ministerio del Interior dijo que ese tipo de operativos de saturación con equipos policiales de alta movilidad se está haciendo en todos los barrios de la ciudad y no solo en los costeros. No obstante, en lugares como Pocitos la presencia policial se hace más evidente, ya que allí se concentraron las primeras parejas de patrullaje a pie integradas por militares reconvertidos en policías.

Estos operativos son distintos, ya que se hacen con patrulleros y motos. “Caen en una zona, patrullan, se hacen ver, piden documentos y se van. Eso desestimula bastante al delincuente oportunista porque no sabe si van a volver o en qué momento pueden pasar por ahí”, dijo un oficial de la Policía.
Desde que comenzaron a funcionar estos operativos, la Jefatura de Policía de Montevideo realiza un seguimiento estadístico día a día de las rapiñas denunciadas en cada barrio. Si se nota que la cantidad de denuncias sube en una zona, se mandan más policías y allí los patrullajes se hacen más intensos.

“Teníamos un promedio de 35 rapiñas por día en Montevideo y en los primeros 15 días de este mes el promedio para el departamento se ubicó en 25 rapiñas diarias”, dijo un miembro del gobierno, quien arriesgó que este tipo de acciones puntuales logra efectos a más corto plazo que algunas de las medidas que el gobierno se apresta a anunciar hoy en conferencia de prensa, la mayoría vinculadas al combate tanto al consumo como al tráfico de pasta base de cocaína.

Luego de asistir a seminarios, visitar otras realidades regionales y traer expertos a disertar sobre seguridad (como ocurrió hace poco con el criminólogo Lawrence Sherman), en el gobierno están persuadidos de que una mayor presencia policial en la calle es básica para desestimular el delito.

El gobierno se proponía para este año fijarle a la Policía pautas de rendimiento, pero las autoridades policiales le dijeron que es ineficaz hasta tanto no se ajusten algunas clavijas en áreas que no incumben a la acción policial. Una de ellas, aparentemente resuelta, eran las fugas de los hogares del INAU, ya que los menores reincidentes hacían subir los guarismos de rapiña. Ahora la Policía se queja de que algunos rapiñeros seriales, en general menores de edad, son entregados a sus padres o liberados en poco tiempo por la Justicia. “Es como vaciar una bañera con un dedal, mientras el agua fluye”, dijo un oficial.

No obstante el entusiasmo que reina en el gobierno por el resultado de los nuevos operativos, también hay una enorme cautela; dicen ser conscientes de que bastará que un delincuente de los más violentos cometa una rapiña sangrienta para que la opinión pública sienta que “está todo mal”. 

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