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Las similitudes que pueden existir entre la naturaleza y la tecnología saltan a la vista en la obra de Mike Libby, quien a través de su proyecto Insect Lab (insectlabstudio.com) logra crear un punto de conexión entre ambas cosas. De hecho, según Libby, ingenieros y científicos se inspiran muchas veces en los movimientos de los insectos, en el diseño de sus alas y en otras características de la naturaleza para crear sus más avanzadas maquinarias del siglo XXI.

Por eso, su obra es un ensamblaje de una cosa y otra, logrando con la disección de insectos y la aplicación en los mismos de piezas de relojería antigua unas esculturas que define como de ciencia ficción, porque a través de estos materiales diversos explora temas de la fantasía, la historia y la autobiografía, destacando correspondencias ilógicas y agudas entre lo real y lo irreal.

Insect Lab surgió hace casi 10 años, luego que encontré un escarabajo muerto pero intacto y al mismo tiempo encontré un reloj de pulsera antiguo. En ese momento pensé en que ambas cosas habían funcionado y dejado de funcionar, aunque una cosa se trataba de un ser vivo y la otra de un objeto. El punto es que como el escarabajo se veía como un dispositivo mecánico, decidí combinarlo con algunas piezas del reloj, transformándose en una escultura. Después de algún tiempo, la disección de los escarabajos y el equipamiento con partes de relojes y engranajes se convirtió en lo que hoy es Insect Lab”, señala el artista.

Libby consigue insectos de muchos lugares del mundo, como África, China, Nueva Guinea y Brasil, entre otros, y en cuanto a las piezas mecánicas, las saca de relojes, de máquinas de coser, de máquinas de escribir y de algunos componentes eléctricos.

De este modo, mariposas, escarabajos, saltamontes, arañas, libélulas, abejas y todo insecto que camine, se arrastre o vuele, son personalizados por Libby a mano, individualmente, logrando piezas de escultura muy originales, las que de algún modo se transforman en una joya única de las similitudes que existen entre la naturaleza y la tecnología.
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