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Stephen Collinson, AFP. "Esta vez, el gobierno (de Washington) actúa como si hubiera una identidad de intereses entre Israel y Estados Unidos", comentó MJ Rosenberg, analista de Israel Policy Forum.

Estados Unidos dio su apoyo incondicional al Estado hebreo desde el principio de su ofensiva en Líbano contra el movimiento chiita libanés Hezbollah y, en los territorios palestinos, contra el movimiento islámico Hamas.

Para Steven Cook, del Council on Foreign Relations, la situación actual es comparable al respaldo manifestado por Estados Unidos hacia Israel tanto durante la guerra de los Seis Días, en 1967, como durante la guerra del Yom Kippour, en 1973.

"No se trata de una devoción ciega hacia el gobierno israelí. Hay razones válidas para esto", agregó Cook.

Además, al igual que Israel, el gobierno estadounidense ve la mano de Irán y de Siria detrás del ataque del Hezbollah en la frontera israelí, que ocasionó la ofensiva israelí el 12 de julio.

Pero algunos analistas advierten que un apoyo tan absoluto a Israel no contempla los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región.

La administración de Bush "desacredita el papel de mediador de Estados Unidos en el conflicto entre israelíes y árabes, por simple inacción y por inercia, lo que no ayuda ni a Israel ni a ninguno de los aliados de Estados Unidos en el mundo árabe y musulmán", añadió Cordesman.

Según los expertos, esto forzaba a Washington a adoptar posiciones contrarias a los intereses estratégicos de Estados Unidos.

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