Llegar a un acuerdo respecto al plan nuclear iraní llevó unos 12 años de negociaciones entre el país en cuestión y seis potencias. Ahora se espera que los congresos de Estados Unidos e Irán respalden y ratifiquen el proyecto, y por eso las autoridades buscan los mejores argumentos para convencer a sus detractores.

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Ayer, por primera vez desde que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara el lunes por unanimidad el pacto, el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, compareció en público para referirse al tema. Asistió a una sesión especial del Comité de Asuntos Exteriores del Senado, donde fue cuestionado por los legisladores presentes.

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El Congreso de EEUU, que tiene 60 días para expedirse sobre el asunto, está dominado por la oposición republicana. En caso de que desaprueben el plan, el mandatario Barack Obama puede vetar esa medida y entonces se requerirán de dos tercios de los votos de los legisladores.

Ayer el senador republicano, Bob Cocker, fue quien alzó la voz en nombre de sus correligionarios. Acusó que al presidente Obama "lo han estafado" e indicó que Kerry permitió que un "estado que apoya el terrorismo" se convierta en una potencia nuclear. El problema de fondo son las sospechas de que Irán prepara armamento nuclear, algo que ese país niega pero que igual le supuso sanciones por parte de ONU, Europa y EEUU.

"Creemos que este es un pacto bueno para EEUU, para el mundo y para nuestros aliados", comentó Kerry. Se refirió a las garantías de seguridad y al costo que tendría no aprobarlo: EEUU se quedaría sin sus aliados en esta batalla (Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Alemania) y se habría perdido el tiempo.

"Es cuestión de ciencia, Irán estará más lejos de tener capacidad de fabricar una bomba atómica con este pacto que sin él", apuntó Ernest Moniz, ministro de Energía y también interpelado.

De todas formas, los comparecientes no negaron que el pacto no es perfecto, ni mucho menos. "La alternativa al pacto que hemos alcanzado no es un mejor acuerdo, una especie de arreglo del mundo de los unicornios que incluya la capitulación completa de Irán. Esa es una fantasía, simple y llanamente", esgrimió Kerry.

Los republicanos no quedaron convencidos. El senador Marco Rubio, aspirante a la candidatura de su partido a la Presidencia en las elecciones de 2016, advirtió que incluso si el Congreso no logra invalidar el pacto, el próximo presidente estadounidense podría anularlo.

En Arabia e Israel

Otra batalla es la internacional. Esta semana el secretario de Defensa estadounidense, Ash Carter, estuvo en Arabia Saudita e Israel, donde se reunió con autoridades locales para intentar tranquilizarlas sobre su temido archienemigo.

El reino árabe es principalmente sunita y está embarcado en una puja de poder en la región ante el chiita Irán. De hecho, desde que llegó al poder en enero, el rey Salman bin Abdul Aziz intentó potenciar a otros sunitas de la región para poder conformar un bloque sunita que haga contrapeso a Irán. Es así como amplió su ofensiva hacia los rebeldes sirios y al presidente yemení Rabu Mansur Al Hadi, también sunita.

Ahora el monarca teme que el pacto que se discute pueda liberar a Teherán de las presiones internacionales y las sanciones y, en definitiva, lo haga más capaz de apoyar a sus aliados en Siria y Yemen, llegando a configurar un nuevo bloque poderoso.

Después de la reunión con el estadounidense, los dos protagonistas coincidieron en apoyar el pacto pero comprobaron el "potencial de agresión" de Irán a raíz del acuerdo y por eso hicieron énfasis en que es necesario adoptarlo de modo apropiado. Carter indicó que el diálogo se centró también en precisiones sobre medidas de seguridad para que esto pueda garantizarse.

El rey Salman es el más influyente entre los líderes árabes.

Menos éxito tuvo el enviado estadounidense en Israel, país que se opone a Irán porque teme que este utilice su alegado potencial nuclear para hacerlo desaparecer del mapa, como insinuó en el pasado el expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se reunió con Carter y luego reiteró la disconformidad de su país con el tratado que espera su ratificación por parte de los países implicados.

"Le dije que pone a Israel, a Medio Oriente, a Europa y a todo el mundo frente a graves amenazas", dijo el israelí en una rueda de prensa.

El mandatario, que calificó el acuerdo como un "error histórico", manifestó su preocupación por el futuro rearme de los persas, así como por el dinero que recibirán a cambio de la suspensión de las sanciones.
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