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Hay libros que nos llegan a destiempo. Eso podría haber pensado la diseñadora Lucía Burgueño cuando encontró un viejo tomo para niños en la Biblioteca del Castillo del Parque Rodó, que enseñaba a realizar estampas en tela con varias técnicas.

A Lucía, en cambio, le llamó tanto la atención el libro, que le comentó de su existencia a la diseñadora textil Valentina Barreiro. Lo volvieron a ojear y decidieron llevar a la práctica las técnicas propuestas, invitando para el proyecto a la también diseñadora textil Mariana Laplume.

Se interesaron por las formas básicas. Con experiencia en el área, experimentaron con los materiales que el libro proponía: Corcho, madera, hilo y hasta vegetales. Finalmente se quedaron con la papa, ya que era el material más simple y no necesita mucho proceso previo (basta con esperar unos minutos a que se seque sobre un papel). En una ocasión, Laplume no talló la papa que iba a usar. Le gustó la forma de su contorno, y la utilizó. El resultado fue bueno. La textura de la papa, junto con la tinta especial, formaba una figura que les convenció.

Comenzaron a experimentar con más frecuencia con verduras sin más modificación que un único corte. Papas, boniatos y calabazas dejaron su sello en una gran variedad de telas, con extrañas y curiosas formas, siempre coordinadas por la mano experimentada del diseño gráfico y textil. No descartan que, en el futuro, utilizar otro tipo de verduras.

Técnica
Cada una de las fundadoras de Estampapas tiene su propio estilo, relacionado a su carrera. “Lucía, que es diseñadora gráfica, busca generar formas con las papas sobre el lienzo. Valentina y yo, que somos diseñadoras textiles, buscamos la repetición, y crear un patrón sobre la tela”, explicó Laplume.

Cuentan con recursos limitados, ya que usan el sobrante de la industria textil, reciclando material sin uso que no tiene otro fin más que el desecho. Eso redunda en una gran riqueza visual en productos como manteles y almohadones, hechos de retazos y una variedad de estampados.

La dificultad del trabajo prolijo hace que se opte por un solo color, aunque hay ocasiones en que los clientes les piden diferentes tonalidades. Por lo general se usa el blanco, el negro o el gris.

Lo mismo ocurre con la tela. Barreiro comentó que su selección “es compleja”. “Tenemos que hacer una selección de tamaños, porque nos llegan anchos de tela de hasta 40 centímetros”. Lo que se usa con más frecuencia son los materiales basados en algodón o lino, pero como se aprovecha toda clase de sobrantes, puede que se use otro tipo de telas.

Negocios
Luego de muchas pruebas sobre retazos de tela, las emprendedoras decidieron aplicar lo aprendido y dar el siguiente paso.

“Mariana planteó que podíamos hacer almohadones, ya que necesitábamos trasladar el estampado a algo usable, y en el caso de los almohadones no hay que generar moldes ni talles”, recordó Barreiro.

Se crearon 30 modelos de almohadones distintos. Abrieron una página en Facebook con el nombre de Estampapas Objetos Textiles, y subieron la foto de cada almohadón estampado. Para que no resultara algo tedioso, resolvieron proponer seis familias de productos, y que el potencial cliente recibiera la sorpresa del diseño. Almohadones, delantales, bolsos, posaobjetos (fuentes o vasos), manteles y telas estampadas por metro fueron las categorías de productos elegidas. En el caso de las telas, la aplicación más popular es en cortinas. Los clientes llevan las suyas, y se las estampan.

Además del Facebook, Estampapas usa otros canales de venta. Cuenta con un perfil en Etsy, una tienda online internacional. Además vende sus productos en La Pasionaria, y muy pronto lo harán en Manos del Uruguay y Menini Nicola.

En cuanto a precios, los almohadones se venden desde $ 550, los monederos a $ 200, y un mantel grande está en $ 1.000; los más chicos se comercializan a $ 800, mientras los delantales cuestan $ 550 y los individuales $ 180.

Apoyo
Estampapas no cuenta con financiamiento externo, pero tampoco lo han buscado. Según Laplume “es una posibilidad latente”.

También han estado en proyectos en conjunto con los diseñadores de muebles Menini Nicola. Con ellos desarrollaron una lámpara de pie, aportando la campana, ya que en el diseño original era blanca. Además, crearon un morral para Underground Beer Club, que sirve para transportar tres botellas de cerveza.

A través de Menini Nicola recibieron una propuesta de exportación de productos a Brasil, pero la rechazaron por falta de infraestructura, que ahora buscan desarrollar.
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