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El Banco Central Europeo (BCE) redujo este jueves las tasas de interés a mínimos históricos, lanzó una serie de medidas para proveer de dinero a la lenta economía de la zona euro y prometió que hará más en caso de que sea necesario para combatir el riesgo de una deflación como la de Japón.

La entidad redujo la tasa de depósitos a un día a -0,10%, recortó la principal tasa de refinanciamiento a 0,15% y bajó la tasa marginal de crédito, o tasa de préstamos de emergencia, a 0,40%.

La tasa negativa implica que por primera vez el BCE cobrará a los bancos por dejar fondos inmovilizados, en un intento por forzarlos a traspasar los recursos hacia empresas pequeñas y medianas.

El banco no implementó compras de activos a gran escala, conocidas como alivio cuantitativo, por ahora, pero el presidente del BCE, Mario Draghi, dijo que se aplicarán más acciones si es necesario.

Draghi delineó un plan de 400.000 millones de euros (US$544.860 millones) a cuatro años, dando un incentivo para otorgar préstamos en la zona euro a bancos que habían estado conteniendo sus créditos debido a las inminentes pruebas de solvencia a la industria.
"Ahora estamos en un mundo completamente distinto", declaró Draghi en una conferencia de prensa, citando la "baja inflación, una débil recuperación y débiles dinámicas monetarias y de crédito".

El paquete, adoptado por unanimidad por el consejo del BCE, apunta a aumentar el crédito a la "economía real", afirmó.

"Creemos (que lo que hemos hecho es) un paquete significativo. ¿Hemos terminado? La respuesta es no. No hemos terminado aquí. Si es necesario, dentro de lo que contempla nuestro mandato, no hemos terminado aquí", advirtió.

Otras medidas incluyen extender la duración de la liquidez barata ilimitada para bancos de la zona euro, inyectar alrededor de 170.000 millones de euros -deteniendo subastas que retiraban fondos gastados en compras de bonos gubernamentales pasadas- y preparar posibles compras de valores respaldados por activos.

Las proyecciones publicadas por el BCE mostraron que la inflación sería de sólo un 0,7 por ciento este año, de un 1,1 por ciento en el 2015 y de un 1,4 por ciento en el 2016, una revisión a la baja y muy por debajo de la meta del BCE de menos, pero cerca de un 2 por ciento.

"Si la situación lo requiriese, actuaremos rápidamente con nuevas medidas de flexibilización monetaria", declaró Draghi.

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