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"Voy a poner como viceministro de Defensa Social a un cocalero", disparó Morales, quien dejó en claro en varias oportunidades que no destruirá las plantaciones de coca aunque sí combatirá el narcotráfico.

Aunque el líder cocalero de izquierda amenazó en la campaña electoral con convertirse en "una piedra en el zapato" de Estados Unidos, recientemente se avino a "volcar la página" de las tortuosas relaciones con Washington tras un encuentro con el embajador estadounidense David Greenlee.

Estados Unidos es el principal cooperante boliviano en la lucha contra el narcotráfico, con unos 90 millones de dólares en 2005.

Nacido sindical y políticamente en la región cocalera del Chapare, Morales propuso hace poco desarrollar una "lucha contra el narcotráfico pero sin ninguna intervención policial ni militar".

Una lucha antidroga pactada no debe constituirse en un "simple control de los movimientos sociales, a los que nos dicen terroristas (sino), que haya respeto a la libertad soberana de nuestros pueblos", sostuvo.

Las relaciones entre ambos países quedarán definidas a partir del comportamiento y las políticas antidroga asumidas por el nuevo gobierno.

Consciente de la diferencia de posiciones, el alto funcionario estadounidense admitió que "habrá algunas diferencias de opinión" y formuló votos porque éstas sean resueltas "de una forma transparente y respetuosa".

"No hay problema con la erradicación. En Chapare, después del acuerdo del cato de coca (1.600 m2 por familia) entre (el ex presidente) Carlos Mesa y las federaciones de cocaleros, se erradicaron 6.000 hectáreas sin ningún muerto", recordó Morales.

(AFP)

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