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Al gobierno le llueven las críticas por la seguridad pública. Esta semana, otro comerciante fue asesinado, esta vez en Las Piedras, y la información policial volvió a ocupar un papel protagónico en la cobertura de los medios de comunicación.
A su vez, el Ministerio del Interior reveló que en el primer semestre de este año la rapiña, el delito que más impacto genera, creció 8,9% respecto al mismo período del año pasado.

La oposición no dejó pasar la oportunidad y volvió a decir que la política de seguridad del Frente Amplio es un fracaso. Legisladores blancos y colorados insistieron en que las medidas que la izquierda está tomando no dan resultado e incluso el senador Carlos Moreira (Alianza Nacional) convocó al Parlamento al ministro del Interior, Eduardo Bonomi, buscando respuestas ante la ola de comerciantes muertos.

Aunque ese discurso es el que prima en los partidos históricos hoy en día, hay dirigentes
de esas filas que no son tan duros con el gobierno actual y aseguran que la guerra contra la rapiña se viene perdiendo desde hace muchos años. Quienes ven el fenómeno actual desde esa perspectiva tienen una característica en común: todos estuvieron sentados en el sillón que hoy ocupa Bonomi.

Los ex ministros del Interior blancos y colorado afirman que es un problema muy difícil
de abordar, que el delito crece sin pausa desde la vuelta a la democracia y que responde a un cambio cultural. Sus palabras, más contemplativas en comparación con las críticas de sus correligionarios, tienen un sustento objetivo y medible.

Es que mientras los responsables de garantizar la seguridad pública eran ellos, las rapiñas también crecieron y en algunos casos a niveles muy por encima de los registrados desde que el Frente Amplio asumió el gobierno en 2005.

El más contundente en ese sentido fue Juan Andrés Ramírez, ministro del Interior entre 1990 y 1993, durante el gobierno blanco de Luis Alberto Lacalle.
“Es una batalla que venimos perdiendo hace décadas. El crecimiento de la rapiña creo no ha tenido decrecimiento nunca. En el mejor de los años ha tenido un crecimiento a una tasa menor”, afirmó.

Ramírez apeló a cuestiones culturales para intentar explicar lo que sucede hoy. Dijo que el sector que es propenso a delinquir creció y fundamentalmente destacó que en la actualidad los delincuentes tienen “menos escrúpulos” en causar daños. De todos modos, sostuvo que el Estado tiene que reaccionar ante los cambios y dijo que por tanto es necesario gastar más y mejor para contrarrestarlo.

En una línea similar, Didier Opertti, ministro del Interior entre 1995 y 1998 en tiempos en que gobernaba el Partido Colorado con Julio María Sanguinetti,también dijo que la cantidad de delincuentes ha ido creciendo en los últimos años. “Yo puedo entender y puedo explicar el crecimiento de la rapiña por la búsqueda de dinero en efectivo”, sostuvo Opertti.

De todos modos, también lanzó críticas y sostuvo que aunque pueda ser entendible, no hay que resignar la necesidad de combatir el fenómeno. Como ejemplo, sostuvo que una medida efectiva es detectar a las personas que no tienen medio de vida ya que son potenciales delincuentes. Narró que durante su gestión llevó adelante una política para dar con la identificación de esta gente pero que fue criticado por la izquierda.

Guillermo Stirling también es colorado y estuvo al frente del Ministerio del Interior entre 1998 y 2004. “Es un tema muy difícil de poder controlar por distintas circunstancias”, comentó sobre las rapiñas. Reconoció el “esfuerzo” que está haciendo

Bonomi y todo el equipo de Interior pero opinó que a la izquierda le pesa una “mochila ideológica” sobre el tema seguridad. Según Stirling, el gran tema es cortar “los motivos de por qué se están rapiñando”.

Ángel Gianola, ministro del Interior a fines del gobierno de Lacalle, dijo en cambio que la rapiña es un fenómeno de los últimos seis años y cuestionó la falta de asesoramiento de Bonomi. Durante el gobierno blanco que integró Gianola fue cuando la rapiña más creció en el país.

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