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Un día después de anunciar resultados récord en el año fiscal 2004, Ghosn convocó a la prensa extranjera en Japón para explicar su nueva etapa en la empresa francesa que lo envió para reflotar la segunda firma nipona del motor y a la que seguirá dedicando la mitad de su tiempo.

"No habrá solapamiento de intereses" dijo el ejecutivo respecto a los temores a que los productos de las dos empresas compitan en los mismos mercados y señaló las grandes oportunidades que se abren en India, Pakistán, Rusia y Latinoamérica.

El "planeta entero" es un mercado, puntualizó y agregó que la decisión final de qué modelos deberá fabricar uno u otro fabricante estará basada en su criterio propio tras escuchar la opinión de los expertos, ya que "el CEO (director ejecutivo de operaciones), no es un sustituto del usuario".

Comparó las alianzas corporativas a un "matrimonio duradero", cuyo secreto radica en el "respeto por la identidad y los intereses de la otra persona" y el apoyo mutuo en las épocas difíciles.

El ejecutivo, que antes de llegar a Nissan era apodado el "verdugo de los gastos" ("Le Cost-killer") por su drástico reflote de Michelin y Renault, bromeó sobre su nueva posición y afirmó que llegar a dirigir una empresa que no está en crisis, la Renault actual, será "toda una novedad" en su carrera.

El plan proyecta ventas globales de 4,2 millones de vehículos en 2007, además del lanzamiento de 28 nuevos modelos en ese período y una consolidación de los concesionarios dentro de Japón.

Carlos Ghosn, sucederá a Louis Schweitzer al frente de Renault y dejará en Tokio un equipo de siete personas encabezado por Toshiyuki Shiga, uno de los vicepresidentes de Nissan y director de mercados extranjeros, que será el Director General de Operaciones.

(EFE)

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