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Reflexión en voz alta”. Esa fue la excusa que eligió el 9 de abril la ministra de Salud Pública, Susana Muñiz, para explicar que su propuesta de un día atrás presentada en el PIT-CNT, que consistía en “topear” los salarios de los especialistas médicos, no se trataba de un anuncio ni de una idea concreta que luego implementaría. Fue tan solo eso, una “reflexión en voz alta”, como tantas se han producido en el gobierno, protagonizadas en su inmensa mayoría por el presidente José Mujica.

Un poco por su forma de hacer política y conducir el gobierno, y otro por la sobreexposición mediática que repite cada semana, el mandatario suma infinidad de ideas que primero tira a la opinión pública sin antes discutirla, ni mucho menos analizar qué efecto podrá tener. Existen muchos ejemplos, algunos de los cuales se presentan en estas dos páginas. Esas ideas en el viento del gobierno que gobierna “en voz alta”, en ocasiones sorprenden a ministros o legisladores del oficialismo. Otras veces desacreditan a gobernantes o también generan falsas expectativas en los involucrados.

De los ejemplos presentados en este informe, ninguno se ha implementado. Son, en su gran mayoría, opiniones o anuncios de Mujica que luego quedaron en la nada. Sucedió, por ejemplo, cuando a los pocos días de asumir, en marzo de 2010, sorprendió a todo el mundo con su idea de utilizar reservas del Banco Central para invertir en el ferrocarril. O cuando mayo del año pasado tiró la idea en de llevar indigentes a la residencia presidencial del Prado en invierno.

Otras veces, las ideas que Mujica primero comparte públicamente antes de instrumentar su aplicación o discutirlo a nivel interno, reciben el rechazo de la bancada de legisladores o de la coalición de izquierdas. Eso le pasó cuando había propuesto liberar presos mayores de 70 años, sin distinguir a represores de la dictadura (1973-1985).

Ha sido común para muchos en el gobierno despertarse con ideas que el presidente lanza en su audición semanal de la FM privada M24.

Alguna vez, Mujica y su entorno han dicho que ventilar primero las ideas públicamente antes de analizarlo a la interna, forma parte de una estrategia del presidente, que responde a su manera de comunicar y generar los debates. Es que Mujica también ha tenido de su lado a la opinión pública, que lo respalda y entiende, mayoritariamente.

Pero esa sobreexposición, de alguna forma, es un arma de doble filo. La percepción de muchos uruguayos, reflejado en encuestas profesionales de aprobación y simpatía, han detectado que parte de la población entiende que Mujica y su gobierno habla y dice mucho, pero hace y concreta poco. Por lo menos en su percepción. Más aún si se compara con el anterior gobierno de Tabaré Vázquez, que dosificaba sus salidas y, rara vez, gobernaba en voz alta.

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