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Gobierno intenta transmitir confianza, pero cae en el error de negar la realidad

El gobierno intenta transmitir confianza, pero cae en el error de negar la realidad

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07 de septiembre de 2018 a las 05:01

Uruguay está sólido, despegado de los problemas que puedan llegar a tener los países vecinos. Tiene reservas y puede aguantar lo que sea. Está blindado y decir otra cosa no solo es faltar a la verdad sino también ir en contra de un proyecto político y de los intereses del propio país.

Con ese discurso se identifica buena parte del gobierno y el Frente Amplio. El discurso tiene un objetivo y es un objetivo loable: recuperar la confianza perdida. El problema es que le erra en las formas y el contenido. Cuando la realidad es evidente y el pesimismo es compartido tanto por empresarios como por consumidores, negar la realidad solo lleva a las autoridades a perder credibilidad y no a alterar la percepción de los distintos agentes económicos, que puede o no tener sus fundamentos.

El presidente de la República rompió un largo silencio esta semana ante los medios para decir que se “puede llevar la total tranquilidad a la población que Uruguay está muy sólido desde el punto de vista financiero y económico” y que “va a seguir creciendo pese a las vicisitudes de la región”.

La ministra de Industria, Carolina Cosse, aseguró que  Uruguay “está blindado”. El ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, optó por el humor: “Astori está con viento en la camiseta”. El ministro Astori habló de “desacople” y aseguró que el efecto de la crisis argentina estará acotado al sector turístico. Días atrás, el presidente del Banco Central, Mario Bergara, calificó de “extremadamente irresponsable” advertir la posibilidad de perder el grado inversor.

El gobierno entero intenta transmitir tranquilidad, pero ese intento está llamado al fracaso. La economía uruguaya padece serios problemas de confianza. No es una crisis y está muy lejos de lo que sucede en Argentina. Los mercados financieros confían en el país y en la capacidad y voluntad del gobierno de pagar sus obligaciones. No viene por ahí el problema. Pero la inversión en la economía real viene en caída libre. Los proyectos se postergan y lejos de generar empleo, los números muestran que las empresas optan por recortar y replegarse.

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Por su parte, los consumidores perciben que hay algo que no marcha bien. Que a su alrededor hay gente que perdió su trabajo, que su empresa se apronta para algo que no se sabe muy bien que es. Y aunque ningún economista serio habla de crisis y los pronósticos muestran por delante un pronóstico de crecimiento –leve, pero crecimiento al fin–, algo malo va a pasar.

El gobierno debe pelear contra esa idea. Debe brindar seguridad. Pero la seguridad no se construye diciendo que todo está bien y que lo único que hacen los vecinos es reforzar la idea de la maravillosa conducción que tuvo  Uruguay durante los últimos tres gobiernos. Esa imagen choca de lleno con una realidad en la cual se perdieron 48.000 empleos en menos de cuatro años, en que el sector privado acaba de procesar un ajuste fiscal y como las finanzas públicas no mejoraron sino empeoraron, resulta que el próximo gobierno está llamado a emprender un nuevo ajuste.

La gente no quiere escuchar que todo está perfecto y que va a seguir así. Quiere escuchar un discurso que reconozca los problemas actuales y le proponga una salida. No hace falta un giro de timón ni prometer lo imposible. Vázquez dice que “no hay que rever nada”, haciendo referencia a una Rendición de Cuentas pensada en otro contexto, para otra realidad. La actitud que se requiere es otra.

Lo que el gobierno cree que la gente necesita para recuperar la confianza es, en realidad, lo último que quiere escuchar.

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