Golpe electoral al kirchnerismo
Los duros golpes sufridos por el kirchnerismo en la ciudad de Buenos Aires y en Córdoba abren perspectivas de que Argentina se libere de la funesta dinastía familiar kirchnerista que la gobernó en los últimos 12 años
Los duros golpes sufridos por el kirchnerismo en la ciudad de Buenos Aires y en Córdoba, en los comicios provinciales parciales del domingo, abren perspectivas de que, en la elección presidencial de octubre, Argentina se libere de la funesta dinastía familiar kirchnerista que la gobernó en los últimos 12 años. En la capital no solo el PRO de Mauricio Macri triunfó ampliamente como se preveía, con más del 45% de los votos, sino que el candidato kirchnerista a jefe de gobierno de la ciudad, Mariano Recalde, quedó sorpresivamente relegado al tercer puesto. Lo desalojó del segundo lugar el exministro de Economía, Martín Lousteau, que lideró una alianza con Elisa Carrió y la Unión Cívica Radical (UCR). Aunque este grupo quedó 20 puntos porcentuales por debajo del candidato de Macri, Horacio Rodríguez Larreta, el gobierno de la capital se dirimirá en un balotaje el 19 de julio. Lousteau y sus aliados, sin embargo, respaldan a Macri para la elección presidencial, lo cual le supone un respaldo del 80% para la instancia nacional en el cuarto distrito del país en volumen de votos.
Igual o mayor significación tuvo la debacle del kirchnerismo en Córdoba, segundo distrito electoral después de la provincia de Buenos Aires. El peronismo disidente que encabeza el poderoso José Manuel de la Sota triunfó holgadamente, seguido por una alianza de la UCR y otras fuerzas afines a Macri. El candidato kirchnerista quedó en un triste tercer puesto, con 13% de los votos y muy por debajo de lo que esperaba la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. De la Sota respalda la candidatura presidencial de otro peronista disidente, Sergio Massa, que completa con Macri y el gobernador provincial de Buenos Aires y candidato del kirchnerismo, Daniel Scioli, el terceto de los principales aspirantes a la Casa Rosada.
De aquí a octubre queda mucha tela por cortar entre las tres fuerzas principales, que son el kirchnerismo, el peronismo disidente peleado con el gobierno K y la oposición no peronista. La alianza que respalda a Macri congrega a este último agrupamiento. Pero la integran partidos de ideología y orientación económica diferentes, lo cual exigirá un acomodo de posiciones para que vote en bloque. El peronismo disidente que lidera Massa había perdido fuerza pero lo vigoriza la votación de De la Sota en Córdoba. A tal punto es importante este voto cordobés que la presidenta y Scioli se apresuraron a llamar al adversario vencedor para tratar de atraerlo a las filas del gobierno. Por lo demás, no debe descartarse la fuerza del kirchnerismo y del aparato estatal que controla para atraer votos con más y más gasto público y propaganda oficial, más una buena imagen de Scioli, conseguida a fuerza de no pronunciarse sobre nada.
Los meses próximos aclararán el complejo panorama. Pero por primera vez los siempre dispersos partidos opositores fuera del peronismo se muestran dispuestos a unirse para poner fin a la dinastía iniciada en 2003 por Néstor Kirchner y, a su muerte, continuada por su cónyuge. Sus gobiernos fueron una mezcla de ineficiencia, autoritarismo, quebrantamiento del estado de derecho y desorden fiscal. Además de ser desastrosos para Argentina, han golpeado duramente a Uruguay con hostilidad política y proteccionismo comercial, violando sin pudor los compromisos establecidos en el Mercosur. Que esta situación pueda cambiar este año es la mejor esperanza tanto para los argentinos como para las relaciones rioplatenses. Que ello ocurra aunque gane Scioli, el candidato K, está por verse.