Grupo de Derechos Humanos censura a Occidente por apoyar gobiernos autócratas
El informe señala que a pesar de que EEUU dice estar trabajando para construir una democracia estable en Irak, “la realidad es que ha dejado atrás un incipiente estado policial”
El gobierno chií de Irak reprimió enérgicamente toda disensión el año pasado durante los levantamientos e la Primavera Árabe y convirtió el país en un "incipiente estado policial" mientras los regímenes autoritarios se desplomaban en la región, denunció este domingo Human Rights Watch (HTW).
Las fuerzas de seguridad iraquíes abusan rutinariamente de los manifestantes, hostigan a los periodistas, torturan a detenidos e intimidan a los activistas, dijo la organización en el capítulo sobre Irak de su informe anual.
"Irak está retrocediendo rápidamente hacia el autoritarismo", afirmó Sarah Leah Whitson, directora para Oriente Medio en el grupo con sede en Nueva York.
"Pese a las afirmaciones del gobierno de Estados Unidos de que contribuyó a crear una democracia estable, la realidad es que ha dejado atrás un incipiente estado policial", agregó.
Las protestas contra el gobierno iraquí, respaldado por Estados Unidos y elegido democráticamente, estallaron en todo el país en febrero de 2011, inspiradas en parte por las manifestaciones en el mundo árabe.
Aunque las protestas en otras naciones exigían la destitución de los regímenes autoritarios, la mayoría de las manifestaciones en Irak reclamaban mejoras de servicios, como electricidad y agua y el fin de la corrupción.
El gobierno las reprimió, a veces de manera sangrienta como las protestas del 25 de febrero que dejaron 14 muertos en los choques entre las fuerzas de seguridad y civiles en varios puntos del país.
Un año después, tras el retiro de las fuerzas estadounidenses e Irak sumido en una crisis política, las protestas contra el gobierno prácticamente se han agotado. Los pocos manifestantes que se reúnen todavía en la Plaza Tahrir, de Bagdad, los viernes suelen ser superados en número por los efectivos de seguridad.
"Los iraquíes están perdiendo terreno rápidamente en los derechos más básicos, incluso el derecho a la libertad de palabra y de reunión", afirmó Samer Muscati, un investigador iraquí de HRW.
Del mismo modo, HRW señala que los levantamientos populares que conmovieron el mundo árabe pusieron de manifiesto los prejuicios de los gobiernos occidentales, que prefirieron apoyar a los gobernantes autocráticos árabes con tal de favorecer la "estabilidad" mientras se hacían de la vista gorda de sus políticas represivas.
El grupo con sede en Nueva York instó a los gobiernos democráticos a apoyar de manera persistente y consecuente a los manifestantes pacíficos y a presionar tanto a los líderes autocráticos como a las democracias emergentes para evitar la intolerancia y evitar las venganzas.
"Los acontecimientos del año pasado demuestran que el silencio forzoso de la gente que vive bajo autócratas nunca debería haber sido confundido con complacencia popular", afirmó el director ejecutivo de la organización, Kenneth Roth. "Es hora de poner fin a la 'excepción árabe'''.
La llamada Primavera Árabe comenzó en Túnez a fines de 2010 y se propagó rápidamente a Egipto, Libia, Yemen, Siria y Bahréin, deponiendo o desafiando a gobernantes autoritarios. Los ciudadanos que durante mucho tiempo parecieron incapaces o no dispuestos a levantarse contra décadas de represión finalmente salieron a las calles en una reacción sorprendente.
De algún modo, los levantamientos inesperados equivalieron a una bofetada a Estados Unidos y otros gobiernos occidentales que habían apoyado a los regímenes autocráticos que servían de barrera a los islamistas hostiles a Occidente y que parecían ofrecer estabilidad a una región inestable.
Los gobiernos occidentales también han sido acusados de ser selectivos en su apoyo a los manifestantes. Por un lado los ataques aéreos de la OTAN fueron decisivos para el derrocamiento del líder libio Moamar Gadafi. Por otra parte, Occidente se ha mantenido en gran medida al margen en medio de la continua represión en Baréin, Yemen y Siria.
"Los pueblos que impulsan la Primavera Árabe merecen un firme apoyo internacional para concretar sus derechos y construir democracias genuinas", dijo Roth en el informe anual del grupo, que abarca unas 90 naciones. Agregó que el mundo árabe se encuentra en un "momento de transformación" que no será nada fácil.
Human Rights Watch señaló cinco cuestiones principales que dominaron la relación entre los gobiernos occidentales y sus amigos autocráticos árabes: la amenaza de islam politizado, la lucha antiterrorista, el apoyo a Israel, la protección del flujo petrolero y la cooperación para contener la inmigración.