Ramiro De León cree que su vocación por la moda nació de un viaje que hizo con sus tíos a Buenos Aires en la década de los 70, cuando todavía era un niño. Nunca se olvidó del “lujo excesivo” que vio una noche en el hotel Sheraton en la capital argentina. Su abuela era modista de alta costura, su madre también y su padre había tenido una sastrería de joven. El diseño le corría por las venas. Fue cinco años a la Facultad de Ingeniería, donde sufrió “como un perro”. En 1987, cuando tenía 20 años, empezó a trabajar en el taller de sus padres en la parte de diseño.
Herencia de diseño
El diseñador asegura que la alta costura es un negocio rentable en Uruguay dado que hay un público que paga por la exclusividad. Opina que las ejecutivas uruguayas se visten mucho mejor que antes