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La historia de Buitres comenzó gracias a canciones. La disolución de Los Estómagos dejó el espacio libre para que sus miembros se volcaran a esas nuevas composiciones. “Hablé con Gabriel (Peluffo) y un día fue a un ensayo. Al siguiente empezó a meterse más y ahí nos gustó la idea de tocar juntos. Más que nada éramos amigos muy cercanos y era un desperdicio no tocar juntos”, contó José “Pepe” Rambao en entrevista con El Observador.

Un cuarto de siglo después la banda continúa su periplo, que comenzó tras la disolución de una de las bandas más importantes del país, y se transformó ella misma en una de las abanderadas de una nueva oleada de rock nacional. Mañana sábado revivirán gran parte de su extenso catálogo en forma de un show masivo en el Velódromo Municipal (ver recuadro).

En 1989, antes que Buitres Después de la Una editara su primer trabajo –que incluía temas como Una noche y 70 puñales–, y antes de salir a tocar en esos primeros shows en el pub Laskina, el grupo tenía que ponerse nombre.

“A veces uno pierde la dimensión. Si uno supiera que va a ser una banda muy popular, tal vez pensaría en un nombre más trascendente”, dijo, entre risas, Gabriel Peluffo. ¿Se imaginaban que 25 años después estarían acá, celebrando? “¡No! ¡Si no, no le hubiéramos puesto Buitres!”, afirmó el vocalista de la banda.

Ya como Buitres Después de la Una –una unión de nombres que salió de una extensa lista de candidatos– la banda comenzó a forjarse a fuerza de toques autogestionados y a consolidar un público en todo el país.

Su idea fundamental era tocar. Hacer canciones de rock para divertirse y alejarse de esa manera de la mochila pesada de Los Estómagos.

Los tres primeros discos surgieron casi naturalmente. “Nosotros hacíamos canciones y las grabábamos”, dijo Peluffo. “Y en esos discos hay canciones que 25 años después las seguimos tocando”, agregó.

El tercero de ellos, Maraviya (1993), es el trabajo bisagra. Sin embargo, su éxito fue ayudado por la edición doble de sus dos primeros discos, que rápidamente llegó a Disco de Oro.

“Ahí hubo una explosión como la de Los Estómagos. Ahí las cosas cambiaron, pero no fue algo de un día para otro. Maraviya vino en el momento justo”, recordó Peluffo. Pero el éxito viene con otras obligaciones. “Si bien queríamos un grupo distendido y todo eso, entre la gente que nos empezó a seguir y la gente que te critica, deja de ser relajado. Deja de ser el pasatiempo”, reflexionó Rambao.

A lo largo de estos años, Buitres reconoce un continuo aprendizaje: primero, el manejarse solos, luego aprender, en mayor o menor medida, a delegar. Solían viajar al interior en el mismo camión del flete y cobrar ellos mismos sus ganancias. Evolucionaron luego comprándose equipos, consiguiendo un sonidista y una escenografía pintada por el mismo Guillermo Peluffo. A fines de los años de 1990 entregaron toda la gestión ejecutiva a Claudio Picerno. “Creo que esto es algo común para todos los artistas. Fue un gran esfuerzo. Cargar equipos, armar. Eso lo único que hace es reforzar lo que uno siente”, afirmó el vocalista.

A los tumbos también aprendieron a delegar en el estudio de grabación, un lugar no muy amigable para la banda. “Los discos son un sufrimiento. Después que salieron y a la gente le gusta, uno se olvida de los malos momentos. Ojo, es preferible sufrir con esto y no con otras cosas”, afirmó Peluffo.

En Rantifusa, su primer disco independiente, contaron con la producción de Jaime Roos, pero decidieron hacer cosas a su manera, perdiendo dinero en el camino. Lo mismo pasó en Mientras, donde tuvieron que regrabar pistas. “De ahí en adelante los procesos de grabación se fueron haciendo un poco más livianos, o te acostumbrás al sufrimiento”, concluyó Rambao.

En este momento la banda trabaja en un próximo disco, de la mano de Rodrigo Gómez como productor. “Ahora queremos cambiar la pisada. Creo que tenemos la madurez suficiente como para decirle ‘usted diga y nosotros hacemos’”, dijo Peluffo.

El show dejará de manifiesto su carrera plagada de himnos del rock nacional y contará además con la participación de exbateristas de la banda: Marcelo Lasso y Jorge Villar.

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