La insistencia en los fans es casi una cualidad necesaria. Hay que perseverar para cumplir los sueños. Y las 40 mil personas que vieron a Paul McCartney el pasado sábado fueron testigos de apenas una pequeña parte de esa insistencia.
La insistencia en los fans es casi una cualidad necesaria. Hay que perseverar para cumplir los sueños. Y las 40 mil personas que vieron a Paul McCartney el pasado sábado fueron testigos de apenas una pequeña parte de esa insistencia.
Uno de los fans que pudo conquistar al exbeatle a puro pulmón fue Flavio, quien desde las primeras filas pidió a gritos el tema One after 909, hasta que por cansancio se ganó una interpretación del clásico de 1957, especialmente dedicado para él.
Flavio tiene 47 años y es fanático de los Beatles desde la escuela. “En 5° un amigo me escribió una tarjeta de Navidad: ‘Flavio, espero que se te pase un poco el fanatismo por los Beatles’. Ahora mis hijas, desde que tienen 7, 8 años se quejan de que hay cuadros de los Beatles en casa y no hay de ellas”, contó a El Observador. Hoy tiene un sector de su living donde guarda su extensa colección de discos –en vinilo y CD–, libros y fotos.
Flavio se preparó para el show durante semanas. Trabajando en una empresa de estampados industriales, se ideó el llamativo vestuario que lució luego en las pantallas gigantes del show, que incluyó impresiones de McCartney y el logo de la gira Out There –combinados con los colores de la gira: violeta y fucsia– en su camisa, saco y pantalón.
Sus hijas, de 15 y 16 años, fueron el primer filtro antes de salir. “No podés salir así, sos un quemo. Me muero de la vergüenza”, decían.
Flavio compró el paquete VIP Front Row con entrada a la prueba de sonido. El precio era U$S 2.100. “Ya desde la prueba de sonido lo venía martillando. Terminó y no lo tocó y listo. Esa canción, según dicen, la tocó en el ensayo general el viernes a puertas cerradas”, explicó.
La insistencia con esta canción, un track casi desconocido que data de 1957 y es, según contó Flavio, una de las primeras composiciones del dúo Lennon-McCartney, se debe casi exclusivamente a dar a conocer ese pedacito de historia de la banda. “Nadie entiende lo que estás diciendo”, le dijo McCartney luego de uno de sus gritos. “Solo yo”, le expresó.
“One After 909 es su primer rockanroll. La dejaron de lado y en el año 1970, no sé por qué, la tocaron en la zapada de la azotea y la incluyeron en el disco Let it be. Es un tema especial y pensé que la tenía que tocar”.
Flavio no sabía si McCartney lo escuchaba, hasta que le empezó a contestar y siguió insistiendo, ganándose el odio de los fans que lo rodeaban y que le pedían por favor que se callara. “Yo, como estaba tan cerca de los monitores no escuchaba. Yo no le entendí cuando dijo ‘es para usted’. Cuando vi que me señaló dije, ‘bueno, se la tengo que bailar’. Nunca me di cuenta que me estaban filmando. Cuando terminó el show veía que la gente me miraba raro. Cuando llegue a casa ahí me enteré de lo que había pasado. Le rompí tanto las pelotas al pobre tipo que la tocó”.
"Te apuesto que este año conozco a Paul”, le decía Josefina Tramontín a sus amigos. La joven de 20 años sentía que estaba cada vez más cerca del cantante, quien para ella es su “modelo a seguir”. “Me siento muy identificada. Él es zurdo y yo también, es vegetariano y cumple un día antes que yo”, relata por teléfono esta fotógrafa, dibujante y estudiante de Comunicación del Buceo, todavía emocionada por haber sido una de las dos uruguayas que se subió el sábado al escenario del Estadio Centenario para que Paul McCartney le estampara una firma en la espalda. Sin dudarlo, el domingo se tatuó la rúbrica del exbeatle.
Todo empezó en jardinera cuando oyó por primera vez Submarino amarillo. Luego en un disco de la Revista Gente escuchó el tema Twist And Shout y en la casa de una amiga vio el video de Help! “Me gustaba Paul porque tenía cara de conejito”, dice. A partir de allí comenzó su afición por McCartney y “a los 12 años ya era fanática enferma”. Para sus 15 años Josefina no pidió una fiesta, sino un viaje a Liverpool con su padre.
Luego de verlo en Buenos Aires en 2010 y en la primera venida a Montevideo del compositor en 2012, Josefina estuvo en la cuarta fila del concierto y llegó a darle la mano a su ídolo cuando McCartney se dirigía a la prueba de sonido. “Después de que le di la mano dije, yo no puedo parar”, afirma. Ese año se tatuó en el brazo las últimas dos frases del tema The end el día del cumpleaños de McCartney, el 18 de junio.
Pero este año, Josefina estaba decidida a conocer al autor de Yesterday. Por eso, pese a que había sacado la entrada de $16.100, que le daba lugar en la cuarta fila, finalmente la vendió y compró la localidad de US$ 2.100, que la ubicaba en la primera fila y la habilitaba a ir a la prueba de sonido. No conforme con eso, antes estuvo en el Sofitel Montevideo Casino Carrasco junto a los músicos de McCartney y logró darle un dibujo que hizo (muy vistoso y beatle, por cierto) a los guardias de seguridad del cantante.
Pensó que el encuentro con el ídolo iba a ser en la prueba de sonido, pero allí no tuvo la oportunidad. Pero durante el concierto el sábado estuvo sosteniendo todo el tiempo un cartel que decía en inglés “Un lugar para vos en mi corazón, un lugar para tu firma en mi espalda”.
No lo bajó ni por un minuto, pese a que bailó, saltó y lloró en temas como Let me roll it. De golpe vino el seguridad de McCartney y le dijo “Hey, it’s you”. “Me morí ahí. Fue el sueño de mi vida cumplido totalmente. Ver al tipo que hace las canciones que me mueven para hacer todo lo que hago”, comenta.
Josefina no piensa parar en su empeño. “Siendo careta –es mi filosofía de vida– se llega todo. Se me pone una cosa en la cabeza y hasta que no lo logro no soy feliz”, concluye.