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Eximia bailarina y coreógrafa, reconocida por todos en el mundo de la danza, la brasileña Deborah Colker es puro nervio y energía. Gesticula, hace ademanes y se mueve mientras habla. La danza y el movimiento se le salen del cuerpo como algo natural.Va contestando en una mezcla de español y portugués, mientras le brillan los ojos y su sonrisa demuestra el entusiasmo de esta mujer por lo que hace sobre el escenario.

Cuenta que eligió a Pushkin por su gusto por la literatura rusa, y porque es una historia que lo reúne todo. “En Eugenio Oneguin hay una historia de amor, una historia de amistad, un duelo a muerte y un final abierto”, explica la bailarina y coreógrafa que está en Montevideo como primer paso de una gira que se va rápidamente para Europa.

A Montevideo la unen lazos especiales. Comenta que aprendió a bailar aquí con la profesora y coreógrafa uruguaya Graciela Figueroa, a la que recuerda con gran cariño. Además ya es la tercera vez que viene a presentar un espectáculo. Así que, “ya es casi una costumbre y una obligación venir a este país tan querido para mi”.

La obra no es rigurosamente fiel al original, ya que se centra en Tatyana y no tanto en Oneguin, como el poema original ruso. “Yo opté por resaltar a Tatyana, esa mujer que es capaz de pasar de ser una campesina, una provinciana sin muchas aspiraciones y glamour, a una noble mujer que impresiona cuando se presenta en sociedad, y que deslumbra a Oneguin que tiempo atrás la había rechazado”, argumenta. Pero en realidad, lo que más le interesa resaltar es el “no” de la heroína a las pretensiones de Oneguin, a pesar de quererlo. Porque la Tatyana enamorada de los primeros versos da paso a esa otra que cuando Oneguin se interesa por ella es capaz de rechazarlo.

“Quise hacer hincapié en ese “no” femenino del final del poema. En ese plantarse de la mujer que ha sido “humillada y ofendida”, y que no cede a las presiones del varón”, resalta con cierta cuota de feminismo orgulloso.
Consultada sobre ese final trascendente sobre cómo decide cerrar una pieza que Puskin dejó con final abierto, dijo que es un secreto que se reserva para los espectadores. “En el acto dos hay una sorpresa que espero que les guste. No puedo decirlo porque se perdería la magia del momento”.

Sí reveló que hay un personaje extra en escena que es ella misma caracterizada de Pushkin. “Porque si uno lee con atención el texto se da cuenta de que el narrador entra en escena por cómo trata a los personajes”, explica la bailarina.

“En Eugenio Oneguin, Pushkin está presente, no como personaje, pero sí como voz narradora que a veces toma partido, o incluso critica a sus creaciones, como en el caso del propio Oneguin, a quien el autor de Boris Godunov casi desprecia. Yo decidí darle encarnación, sacarlo al ruedo”, explica entusiasmada al revivir el trabajo creativo que realizó durante meses.

En escena hay casi 20 bailarines y una impresionante escenografía en forma de árbol que el día antes del estreno aún estaban montando y que Deborah Colker revisó personalmente apenas llegó a Montevideo.

Otro de los aportes de Colker en esta adaptación es que reduce el número de personajes del poema a solo cuatro, que a su vez están representados por cuatro bailarines cada uno. Eso le permite en un determinado momento presentar un Oneguin negro, uno blanco, uno fuerte, otro más débil, y hace lo mismo con el resto de los personajes, lo que aporta una gran riqueza visual y de estilo al bailar. Ya que, más allá de la formación común de los bailarines, para Colker cada uno tiene su impronta y eso se nota sobre las tablas.

La música encantadora de Chaikovski, Rajmáninov, Stravinski y Prokófiev garantiza un clima eslavo de ensoñación para ese viaje en el tiempo y por las emociones que pretende Tatyana y que la delicada plasticidad de los cuerpos busca transmitir todo el tiempo.

Las entradas van desde los $ 150 a los $ 950 y se consiguen en las boleterías de la sala principal del Teatro Solís. Las funciones irán hasta el jueves a las 21.

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