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Un caballero loco, un príncipe comerciante, un político hechicero y una reina de un poblado de elfos. Un conjunto de personajes que forma parte de la receta perfecta para una aventura épica y fantástica.

John Cleese, Alfred Molina, Malcolm McDowell, Bill Nighy, Michael Gambon, Lynda Carter y Kate Beckinsale son los actores encargados de personificarlos. A primera vista, este reparto y sus personajes bien podrían ser parte del próximo El Señor de los Anillos. El único problema es que este ensamblaje de estrellas hollywoodenses no formará parte de una película, sino de un videojuego: The Elder Scrolls Online, del desarrollador ZeniMax Online Studio.

La participación de tantas figuras de la pantalla grande en un mismo juego electrónico no debería llamar mucho la atención ya que, así como en las series de televisión, cada vez es más común contar con la participación de renombrados actores de cine, los videojuegos se han vuelto una opción más de trabajo para los amantes del séptimo arte.

No es de extrañarse, dado que esta rama del entretenimiento ha demostrado señales de un crecimiento sostenido en los últimos años. Sólo en 2013, la consultora Gartner estima que la industria global del videojuego –que incluye juegos de consola, online y para teléfonos móviles– ha superado
US$ 93 mil millones, sobrepasando sin problema la cifra de los US$ 10,8 miles de millones que generó Hollywood en la taquilla.

Tampoco hay que mirar muy atrás en el tiempo para encontrar que los consumidores son más propensos al fanatismo por este negocio, como se demostró el año pasado con el recibimiento frenético de las consolas Xbox One y Playstation 4.

Otro de los casos más notorios del éxito que están teniendo los videojuegos es el del Grand Theft Auto V. En setiembre, la última edición de la franquicia mimada de Rockstar Games recaudó en su primer día en el mercado US$ 800 millones y se convirtió en el estreno de videojuego más exitoso de la historia. La película Avatar de James Cameron, la más taquillera en la historia del cine, tardó 17 días en alcanzar una cifra similar.

De todas formas, la comparación económica entre ambas industrias dado sus números de ventas puede ser tomada con pinzas, ya que el negocio del cine se alimenta de sus ganancias no sólo en las salas, sino también en lo que las películas recaudan en DVDs, en servicios de streaming y en el merchandising creado por varias franquicias establecidas.

Donde los videojuegos sí vienen ganando terreno es a nivel creativo. Mientras que en Hollywood se habla constantemente de una falta de originalidad –idea perpetuada por la eterna producción de secuelas y reversiones de viejos clásicos–, la producción de juegos, de grandes estudios e independientes, ha sido elogiada por su nivel narrativo.

Papers Please, Gone Home, The Stanley Parable, The Stanley Parable y Proteus son solo cinco ejemplos del año pasado citados por la revista Forbes como los mejores juegos independientes del año, dado su simplicidad y encanto para capturar la atención de los jugadores. Si bien las celebridades del cine todavía se evocan en juegos para grandes desarrolladores (ver recuadro), todo indica que no falta mucho para que comiencen a enlistar sus voces y movimientos para las filas de los estudios independientes. rMientras Hollywood todavía busca cómo pararse ante el creciente prestigio de la televisión, los ejecutivos de los estudios tienen buenas razones para estar preocupado por la popularidad de los videojuegos y la posible preferencia de las personas en entretenerse con un par de joysticks en vez de encerrarse en una sala de cine

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