Imprimex invierte en “crear” un nuevo mercado de empaques
Adquirió una impresora de U$S 2,6 millones que permitirá imprimir etiquetas sobre materiales no absorbentes, algo que hasta ahora las empresas uruguayas debían importar desde Argentina, Bélgica e Italia
La imprenta Imprimex invirtió U$S 2,6 millones en una impresora capaz de hacer 16.000 pliegos por hora e imprimir sobre superficies no absorbentes como plásticos, papeles metálicos o cartones laminados. Según su director, Horacio Rey, en Uruguay no existe una oferta similar y marcas como Conaprole, Crufi, Ancap o las pastas de dientes locales se ven obligadas a comprar las etiquetas de sus productos en Bélgica, Italia y Argentina.
Rey calificó la inversión como una “apuesta” ya que “no existe todavía un mercado desarrollado” para este tipo de empaques. “El objetivo es captar a quienes buscan estos productos y no tenían una oferta local, y mostrarle a los clientes actuales, que no pensaban en elaborar packaging en materiales no absorbentes, que ahora sí es posible” explicó.
El director de Imprimex visualiza avidez a nivel de las bodegas que quieren hacer cajas laminadas para sus líneas top, ya que la maquinaria permite hacer un trabajo muy fino, como el que hoy se ve en las cajas de whiskys o perfumería.
La impresora de origen alemán, –Offset KBA, modelo Rápida 105-6+LUV–, también permite imprimir sobre papeles absorbentes como los que se utilizan para los afiches o publicaciones. Sin embargo, el principal objetivo es el de desarrollar el mercado de empaques sobre materiales no absorbentes ya que estos son los que darían “mayor rentabilidad”.
Esa rentabilidad estará asegurada, según Rey, porque serán la única imprenta que lo ofrecerá en el mercado local, y porque se podrá responder, “en el momento”, a la demanda de los clientes, algo que no es posible realizar desde Bélgica o Italia. En la actualidad, las marcas que importan sus etiquetas deben comprar grandes volúmenes para que le resulte rentable a la imprenta extranjera enviarlas.
Esto reduce la flexibilidad de las empresas ya que no se pueden aumentar un poco la cantidad de etiquetas que se imprimen en caso de que el producto tenga una buena recepción del público, ni hacer pruebas de baja escala para probar un producto, aseguró Rey.
Desde Imprimex, esperan que la nueva impresora aumente la facturación en U$S 1,8 millones anuales a partir del segundo año, y que la inversión quede cubierta a partir del quinto.
El desafío de exportar
A finales de 2013 Imprimex comenzó a exportar libros a Chile, un mercado que se abrió a partir de que un gerente de Santillana Uruguay, cliente de la imprenta, fue transferido al país andino. “Él vio que el mercado de publicaciones de grandes tirajes estaba cubierto, pero que los (pedidos) de bajo tiraje eran rechazados por las imprentas locales”.
Rey explicó que para una imprenta uruguaya los libros de bajo tiraje son un mercado interesante porque sigue siendo un gran volumen comparado a lo que se hace para Uruguay.
Además en 2013 y 2014 Imprimex generó etiquetas autoadhesivas para Paraguay y publicaciones para un grupo inversor en Brasil. Para Rey, la intención no es vivir de lo que se trabaja para el exterior sino verlo como algo extra.
Del papel a Internet
Según el director de Imprimex, mientras que el mercado de las publicaciones cae, el del packaging crece y compensa. Rey no duda: “internet ha mordido mucho”.
“Antiguamente los diarios del domingo venían con muchas publicaciones publicitarias y el resumen de cuenta de la tarjeta de crédito traía un montón de catálogos de compra y folletos, y eso ha caído”, lamentó Rey. En cambio, las personas ahora reciben el estado de cuenta a través de medios digitales y los catálogos se envían por ese medio, por lo que pasaron del papel a internet.
En cambio, al haber mayor variedad de productos de una misma marca, existe “mucha más demanda de distintos tipos de empaques y de mayor calidad”, lo cual se cobra más caro, explicó el director de Imprimex.
Del concordato a invertir
En 1998 Imprimex hizo una inversión de más de US$ 3 millones a partir de crédito, lo que en 2002 llevó a la empresa a concordato. En febrero de 2002 la imprenta facturó U$S 600 mil, en marzo U$S 500, en abril U$S 400 y después U$S 300 mil.
“Yo sentía que iba caminando por la calle y tenía un cartel en el pecho que decía ‘dio concordato, es jodedor. Nos presentamos en concordato y fuimos casa por casa de los acreedores a explicarle la situación, y a decirles que no nos íbamos a ir, que la íbamos a pelear y lograríamos salir adelante. Y así fue”, dijo Rey. l