Inflación es causada por desajuste de políticas, según exministros
Ignacio de Posadas, Isaac Alfie y Alberto Bensión sostienen que allí está la causa del aumento de precios
Uno de los ejemplos más impresionantes del daño que puede hacer la inflación sobre un país ocurrió en Alemania entre enero de 1921 y noviembre de 1922. En ese período de menos de dos años un periódico pasó de un precio de tapa de 0,30 marcos a 70 mil marcos.
En busca de acercar el Índice de Precios al Consumo (IPC) a la meta, el Poder Ejecutivo dispuso recientemente varias medidas, como la exoneración del IVA a algunas frutas y verduras y una rebajas de tarifas de ciertos servicios públicos. También alcanzó un acuerdo con supermercados y almacenes para congelar el precio de decenas de productos de primera necesidad.
Esas medidas ya tuvieron un efecto en la medición del IPC de marzo que aumentó pero levemente (0,58%), superando igualmente las expectativas del mercado, informó el gobierno, el viernes 4.
De esa manera, el IPC acumula un alza de 9,73 % en los últimos 12 meses a marzo, superando la meta oficial, y suma un incremento de 4,74% en lo que va del año.
Desajustes
Como buena parte de los economistas independientes, exministros de Economía (MEF) que consultó El Observador al respecto, entienden que la raíz del problema radica en el desajuste existente entre las políticas macroeconómicas
Dos ministros de Economía, Ricardo Zerbino y Luis Mosca, declinaron hablar por considerar que la inflación se ha tornado un tema más político que económico. Pero el exsecretario de Estado Isaac Alfie –que también trabajó en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) y luego en la Asesoría Macroeconómica del MEF– opinó al respecto.
A su juicio, “la causa de la inflación es algo a esta altura no discutible, un exceso de oferta de dinero sobre su demanda. Para que haya inflación –un aumento generalizado y constante en los precios–, la tasa de crecimiento en la cantidad de dinero (oferta del banco central) debe superar a la tasa de crecimiento de la demanda de dinero”, sostuvo. “Una inflación alta, como la que tenemos, obedece a un gran desfase entre el crecimiento de oferta y demanda”, agregó
Ahora, siendo esa la razón última, el tema es ¿por qué o cómo se origina esa diferencia?
Alfie entiende que las causas pueden variar.
“El déficit fiscal (exceso de gasto público sobre la recaudación) que no se financia mediante deuda, se financia con emisión de dinero que la gente no quiere y/o los precios suben hoy porque ‘subieron en el pasado’, y entonces creemos que aumentando los salarios, alquileres, honorarios y otras rentas en función de la inflación pasada vamos a evitar la pérdida de poder adquisitivo en el presente y entonces sucede que los precios deben subir para cubrir el aumento de costos”.
“Al subir los precios, si el gobierno no aumenta la cantidad de dinero, sucede que la gente no tiene la plata suficiente para comprar los mismos bienes que el período anterior y la economía entra en recesión. Para evitar la recesión, el gobierno emite dinero y convalida el aumento de los precios (convalida la inflación). Pero esto no necesariamente es así y es aquí donde juegan las expectativas”, afirmó Alfie.
“A corto plazo –añadió– y en la medida que la economía esté funcionando sobre el límite de su capacidad de oferta, el aumento del gasto público y privado, aun financiado con crédito, produce aumentos de precios, pero esto es un fenómeno acotado.
Por eso, cree que “la derrota de la inflación pasa inexorablemente por el ataque frontal a sus causas, esto implica cuidado de los equilibrios macroeconómicos básicos, en este caso el restablecimiento de los mismos, la desindexación o al menos el cambio en el mecanismo de indexación y la promoción de mayores niveles de competencia en los mercados donde esta se pueda lograr”.
“Naturalmente que para que el proceso sea indoloro se debe recuperar la credibilidad en las metas de inflación que establece la autoridad monetaria. No es posible que todas las variables nominales (salarios, alquileres, gasto público, cantidad de dinero, etcétera) aumenten entre 12% y 15% y alguien, en su sano juicio, crea que la inflación vaya a ser de 5%”, declaró Alfie
Una adivinanza
Para Alfie, “es casi una adivinanza” saber si las medidas que aprobó el gobierno para contener la inflación evitarán que la inflación llegue a los dos dígitos. La explicación de Alfie es que la decisión del gobierno “tienen un efecto de una sola vez y el aumento de precios es un fenómeno continuo”. “Poco importa –agregó– si la inflación es 9,8% o 10,5%, cualitativamente es lo mismo y diría casi un accidente que sea uno u otro”. “Ya lo han dicho hasta las propias máximas autoridades del MEF, las medidas no atacan la inflación, sino que buscan que el índice no se ‘desboque’ e, indexación mediante, complique más el panorama futuro”, agregó el ministro de Economía durante la administración de Jorge Batlle (2000-2005).
Para Ignacio De Posadas, titular de Economía entre 1990 y 1995, “quizá lo más sorprendente sea que no tengamos una inflación mayor y más acelerada ya que, salvo el fenómeno deflacionario que está ocurriendo en buena parte del primer mundo y que algo nos llega en nuestras importaciones, todos los demás factores que pegan sobre los precios tienden a hacerlos subir: tipo de cambio, gasto público, presión salarial, tarifas, política monetaria... y últimamente, como producto de todo esto, las expectativas de la gente que empiezan a moverse aunque tardíamente.
Sin misterios
¿Qué hacer? “No hay grandes misterios, como tampoco el convencimiento de intentar las recetas correctas en año electoral. Como las dietas para adelgazar, ponen a la gente de mal humor. Las medidas tomadas por el gobierno apuntan al índice de inflación y no a la inflación. Quizá tengan el éxito que el gobierno busca: zafar de octubre y diciembre, no llegando al número mágico de dos dígitos. En todo caso, auguran un ajuste para el próximo gobierno. O, en puridad dos: parar la mano en materia de salarios y de gasto público”.
De Posadas cree que habrá que tomar “decisiones que serán aun más duras en un contexto de declive económico y de serios problemas de productividad y de competitividad”, consideró. La vuelta al Uruguay de la frazada corta, remató .
En una línea similar opinó el exministro colorado Alberto Bensión,
Una de las causas inflacionarias, sostuvo, es “la suba superior a 10 % en el último año de las variables sobre las que la política macroeconómica tiene un mayor o menor grado de control: la emisión, el gasto público, el tipo de cambio y los sueldos y salarios.
A juicio de Bensión, “hay que lograr una convergencia entre la evolución de las variables de política antes referidas y el rango meta de inflación del Banco Central, con una cierta tolerancia para el tipo de cambio”.
Sobre la efectividad de las medidas tomadas para encuadrar el IPC en el rango meta objetivo del gobierno, el exministro colorado dijo que la respuesta no puede ser directa. “En primer lugar, las medidas son la consecuencia inevitable de la inconsistencia de la política macro de los últimos meses”, dijo.
“En segundo lugar –agregó– persiguen un objetivo compartible, que es el de rebajar en lo inmediato el ritmo de suba del IPC, para evitar el tan temido 10% anual y para atenuar el efecto indexación del próximo ajuste salarial”.
Con vistas al futuro, esas políticas “deberían ser revisadas lo antes posible porque tienen un costo fiscal, complican el sistema tributario y agregan nuevas formas de distorsión en los precios relativos”. “En adición, por supuesto, (hace falta) el ajuste ya referido en la política macroeconómica”, concluyó Bensión.
El Observador intentó sin éxito tener la opinión del exministro Danilo Astori, quien días atrás respaldó lo actuado por el gobierno en el combate inflacionario. “Seguimos con el rango meta de entre 3% y 7% y la meta más inmediata es acercar lo más posible el registro inflacionario anual a 7%”, dijo la semana pasada en el marco de un evento de la colectividad judía.
Previo a las medidas antiinflacionarias, el exministro Álvaro García –de un período de la administración de Tabaré Vázquez– había dicho a El Observador que se debía mantener la política de metas de inflación y atribuyó el problema al tamaño “pequeño” de la economía uruguaya. Esta semana ratificó esa apreciación.