A dos siglos de la recordada pieza conceptual de Artigas, es bueno recordar su filosofía en estos tiempos donde tanta gente navega confundida.
A dos siglos de la recordada pieza conceptual de Artigas, es bueno recordar su filosofía en estos tiempos donde tanta gente navega confundida.
Unas tres décadas después de la Revolución Francesa, Artigas mejora la celebre trilogía (liberté, fraternité, egalité) cambiando la fraternidad (que terminó en el Terror) por la seguridad del ciudadano. Mejor la trilogía de Artigas porque ayer, y todavía más hoy, la seguridad del ciudadano es clave para la vida en sociedad.
Hace un par de décadas, escribí un libro comparando la política económica artiguista con lo que sería una política económica de hoy en día. Me resultó bastante fácil coincidir con Artigas en base a su concepción filosófica y su línea de conducción económica. Veamos algunos ejemplos.
Artigas quería un Estado chico (hablando de los funcionarios públicos decía “pocos”) y clamaba por impuestos bajos (“la sola voz contribución me hace temblar” y a mí también). Buscaba una economía abierta, sin detracciones a los productos exportables y aranceles mínimos a los importados. Tenía la concepción del respeto por las diferentes culturas (“los indios deben gobernarse por sí mismos porque de ellos es el principal derecho”) y de la defensa de la libertad en todas su facetas (“libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable”) siendo su bandera Libertad o Muerte.
La libertad es un tema central en el pensamiento artiguista y asimismo es ancla de toda la filosofía liberal; la libertad de hacer lo que uno quiere dentro de la ley; la libertad de operar comercialmente sin trabas ni monopolios que reserven sectores y sin privilegios a empresas por ser estatales o quasiestatales; libertad de exportar o importar sin cupos o permisos que algún funcionario de turno decide dar o no dar. Todas esas facetas también son parte de la libertad, no solamente la libertad de expresarse o de votar a alguien cada tanto tiempo. El que cree en la libertad la quiere toda; el que no cree tanto empieza a encontrar justificaciones para recortarla aquí y allí, siempre según su criterio y supuestamente para el bien común.
Tenía también claro un fuerte principio de justicia social (“los más desgraciados serán los más favorecidos”), pero no de populismo berreta de dar a cambio de nada; los que recibían tierras en colonización tenían obligación de construir un corral, una casa y un potrero en 12 meses o perdían la propiedad, o sea trabajar muy fuerte para merecer el apoyo.
Lamentablemente perdimos aquel rumbo cierto que Artigas marcó. Nos volvimos absurdamente proteccionistas hasta llegar a maniatar al país y dejarlo sin posibilidades de crecer; después expandimos el Estado a través de la toma de más y más y más funcionarios municipales y del gobierno central, y de la entronización de empresas públicas en los mayores sectores de actividad del país.
Luego pasamos como ahora al gasto público descontrolado, que habría encolerizado a Artigas, y a las dadivas populistas de salarios ciudadanos y cosas por el estilo que son opuestos al principio ético del esfuerzo personal, la responsabilidad individual y el respeto por el trabajo.
Artigas quería construir los Estados Unidos del Sur, en base al ejemplo de lo que hoy es EEUU; a Andresito, gobernador en Misiones nombrado por él, le envía un libro explicativo de la construcción federal de Norteamérica y le indica que ese es el rumbo a seguir.
En vez de eso, aquí dejamos predominar el centralismo de Buenos Aires primero y de Montevideo después, en una visión unitaria alineada al concepto de Sarmiento de civilización y barbarie. Artigas tenía una visión republicana de separación y respeto de la independencia de los tres poderes y un apego al orden y a la disciplina que nos harían muchísima falta ahora.
Yo creo que Artigas vislumbró el futuro que se nos venía encima, tan distinto en sus premisas fundacionales de lo que él quería establecer, que por eso nunca quiso volver de su exilio forzoso en Paraguay. Y, si llegara a volver hoy, se va de nuevo.