Inversiones árabes: a la espera de los petrodólares
La riqueza soberana de los países de Medio Oriente comenzó a enfocarse en la búsqueda de opciones de inversión en la región, pero Uruguay está fuera del radar
Cuando se menciona Medio Oriente es muy probable que en la mente se corporicen imágenes que incluyan a monarcas riquísimos, que gobiernan países habitados por gente que usa turbantes y despilfarra a diestra y siniestra inmensas fortunas que emergen en forma de petróleo de las extensas llanuras desérticas, bañadas por un sol abrazador.
Arabia Saudita marca la agenda política de la región con una fuerte influencia sobre Emiratos Árabes y Kuwait.
En poderío económico y desarrollo de infraestructura, los saudíes son seguidos de Catar y de Emiratos Árabes. De esa tríada de poder económico, Catar ha acaparado el reconocimiento internacional con el manejo de su riqueza a través de inversiones realizadas en diversos fondos soberanos. Partiendo del análisis de que las reservas petroleras y gasíferas podrán sustentar sus economías un máximo de 50 a 80 años, han enfocado sus inversiones sobre tres pilares de inversión, de acuerdo a una fuente diplomática uruguaya destacada en la región.
Al tope de la lista y por razones lógicas, se encuentra la seguridad alimentaria. “Todas las inversiones de estos países buscan asegurar la cadena de alimentos de la cual carecen en sus propios territorios”, señaló. Convertir las tierras desérticas en fértiles demanda años de trabajo y millones de dólares de inversión. Si bien es un esfuerzo que se está haciendo, también buscan asegurarse el abastecimiento, lo que dirige la atención a los países emergentes productores de materias primas.
En segundo plano, requieren asegurarse el abastecimiento de agua dulce. “La razón primera de sus inversiones en nuestra región es la seguridad alimentaria y tener provisión de agua garantizada a un costo razonable”, señaló el diplomático.
En un tercer peldaño, no menos importante pero sin tanto apremio, se ubica la provisión de fuentes de recursos sostenibles para cuando el petróleo y el gas se terminen o sean escasos.
Las inversiones en energías renovables, así como en sectores industriales y corporativos de América Latina persiguen el objetivo de sustituir ingresos derivados de los recursos que hoy obtienen de la explotación de hidrocarburos.
Bajo la misma lógica, el desarrollo de servicios turísticos del que son claros ejemplos Dubái en Emiratos Árabes y Doha en Catar, proporcionan ya hoy ingresos de divisas millonarios.
Lluvia de petrodólares
Solo en 2013, los 10 principales fondo soberanos del mundo –entre los que se encuentran cuatro originados en la península arábiga– concretaron operaciones por US$ 32.200 millones, de acuerdo a un estudio del Sovereign Wealth Center. De los casi US$ 35.000 millones de negocios realizados por este tipo de inversores en todo el mundo, solo US$ 200 millones tuvieron como destino América Latina, de acuerdo al mismo informe.
En el informe Fondos Soberanos 2013 realizado por ESADEgeo, KPMG e Invest In Spain, se identificó que en 2012 y 2013 se asistió a “un auge” de las inversiones de ese segmento de inversores –en particular árabes y asiáticos– en América Latina. En algunos casos se dio a través de empresas españolas con negocios en la región –como fue el caso de fondo catarí Qatar Holding en la filial del banco Santander de Brasil–, y en otros directamente en empresas latinas.
¿Oportunidad para Uruguay?
La pregunta clave es: ¿cuánto de ese potencial inversor puede ser atraído por Uruguay?
En el contexto actual y más allá de las gestiones oficiales realizadas por representantes del gobierno en los países de Medio Oriente, la respuesta es: poco, según varios expertos consultados por El Observador.
Ya sea por cuestiones de escalas, regulatorias, o simplemente culturales, Uruguay no ingresa en el horizonte de los árabes. Las tres áreas de actividad que podrían llegar a atraer su interés, como el sector agroalimentario, el logístico y el energético, no tienen en el país el atractivo suficiente, estiman los expertos. “Nosotros no estamos en el radar. Puede ser que como son fondos vinculados a las familias reales, les cuesta operar en un país como este que tiene la ventaja de que es transparente, pero la desventaja de que es una carrera de obstáculos. Ellos están acostumbrados a que los vayan a buscar” y no enfrentarse a obstáculos, dijo a El Observador el socio director de Ferrere Abogados, Andrés Cerisola.
Nicolás Piaggio de Guyer & Regules coincidió en que no existe un interés concreto de los países árabes de invertir en Uruguay.
Uno de los mayores inconvenientes surgió con la intensión del gobierno de regular la compra de tierras. El Poder Ejecutivo remitió al término de 2013 al Parlamento un proyecto de ley que prohíbe la compra y tenencia con fines de explotación agropecuaria por parte de empresas en las que participe de forma directa o indirecta un Estado extranjero.
“Ellos quieren inversiones en agrobussines y el Estado no quiere inversiones de Estados extranjeros”, dijo Piaggio.
Cerisola complementó que la regulación de la compra de tierra “ahuyentó” a los potenciales interesados, mientras que en otros casos los proyectos no cuajaron por cuestiones de “negocio”.
Ferrere trabajó directamente con empresarios sauditas, cataríes y de Dubái en alternativas vinculadas a inversiones en tierras. Una de ellas estuvo cerca de concretarse el año pasado, pero el negocio se cayó por la “preocupación regulatoria”, entre otras cosas. “Puede haber posibilidades, pero nunca va a ser masiva” la llegada de capitales árabes, complementó.
En el plano logístico es necesario ofrecerles “un modelo de negocio atractivo”. “En el caso del puerto de aguas profundas, para atraerlos hay que ofrecer un modelo de negocios, y para un puerto hay que tener cargas. En este momento, con la guerra de puertos que tenemos con Argentina, si no podemos asegurarle cargas al puerto de Montevideo” se hace “difícil justificar” la terminal de Rocha, argumentó Piaggio.
En el mismo sentido se manifestó Juan Manuel Mercant, de Guyer & Regules.
“Mucho más que alguien que pueda construir la estructura, lo que se necesita es darle viabilidad. Para eso hay que darle carga”, añadió.
Por otra parte, la ausencia de un mercado de valores desarrollado es una limitante como para cualquier inversor, agregó Cerisola.