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Quienes están acostumbrados a las peculiaridades de la política argentina saben que hay una especie de regla no escrita, según la cual cuanto más se radicaliza el discurso del gobierno, es porque se está más cerca de realizar un retroceso en su política “heterodoxa”.
Así, en su momento, las críticas al mercado financiero internacional coincidieron con los anuncios de pagos de deuda al Club de París, a las empresas que habían ganado juicios en tribunales internacionales y a los españoles de Repsol por la expropiación de YPF.

También el discurso en defensa de la industria nacional se dio en simultáneo con la firma de un contrato secreto en el cual se le dieron generosas concesiones a Chevron para explotar el megayacimiento de Vaca Muerta.

Y en estos últimos días ocurrió otro de esos episodios contradictorios típicos de la era kirchnerista: en nombre del desendeudamiento y del rechazo a los “fondos buitre”, se terminó anunciando una fuerte política de emisión de títulos en dólares para financiar al fisco.

El ministro de Economía, Axel Kicillof, anunció que el gobierno le ofrecerá a los bonistas que tienen en su poder el Boden 15 –un título en dólares con un vencimiento de US$ 6.000 millones el año próximo– la posibilidad de un rescate anticipado a valor de mercado o, si lo prefieren, el canje por un nuevo bono en dólares con una tasa de 8,7%. La justificación del ministro es que, de esta forma, se busca alejar los rumores de que Argentina no podría hacer frente a sus obligaciones o que podría pesificar el pago de este bono dolarizado.

“Es una recompra para cortar de cuajo con todas las maniobras especulativas y para mostrar que tenemos capacidad de pago, frente a los que dicen que Argentina tendrá problemas para pagar el año que viene”, dijo Kicillof, quien calificó este anuncio de “otro hito en materia de desendeudamiento soberano”.

Pero el mercado no lo interpretó de la misma forma: la percepción generalizada es que, más que rescatar el bono, lo que el gobierno pretende es que los acreedores acepten el canje por otro título que vence en 2024. De esa forma se aliviana el peso del pago de intereses para el año 2015, que es el último del período de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

“No quiere poner los dólares ahora para pagar el Boden 2015 sino solo mandar la señal de que los va a pagar”, indicó el economista Nicolás Dujovne. En la misma línea, el consultor Salvador Di Stefano sostuvo: “Kicillof declama el desendeudamiento, pero por detrás, paga todo lo que caiga a su lado, y aplica un plan económico sumamente ortodoxo, recurriendo a endeudamiento para financiar el déficit del gobierno. En síntesis, no hay desendeudamiento, hay más endeudamiento que en la era menemista”.

Discrepancia de forma
Lo curioso del caso es que, más allá de las críticas que los economistas le hacen al ministro por el tono de su discurso, destacan que están de acuerdo con el fondo de su decisión.
En definitiva, lo que interpretan es que después de mucho tiempo de haberse negado a tomar deuda en el mercado internacional –lo cual obligaba a sacrificar reservas del Banco Central y generar políticas recesivas por falta de dólares–, ahora se cambió esa doctrina. Y que, en consecuencia, hay más probabilidades de evitar una crisis devaluatoria o una aceleración inflacionaria.

“Argentina hoy tiene tan poca deuda y tanta inflación, que suena lógico canjear un poquito de inflación por deuda. Es decir, cuando uno empieza a financiarse un poco más con deuda y menos con la maquinita del Banco Central, puede tener una inflación más baja”, argumenta Dujovne.

También el economista Lucas Llach, de la Universidad Di Tella, celebra el cambio de orientación de la política económica: “El ‘desendeudamiento’ implicaba pagar con emisión o con reservas los vencimientos de la deuda, violando una sabia máxima de Pellegrini que se practica en todas las latitudes: las deudas se pagan con deudas”.

¿Al fin un verano en paz?
Claro que ahora lo que está por verse es cómo responde el mercado ante la oferta de US$ 3.000 millones por el nuevo bono a emitirse en los próximos días.

Desde ya está asumido que a Argentina –técnicamente, todavía en default–, tomar deuda le cuesta más caro que a cualquier otro país. De hecho, un típico argumento de los críticos era remarcar cómo países con poca tradición de participación en el mercado financiero global, como Bolivia o Paraguay, obtenían ofertas que superaban ampliamente los montos originalmente programados y por tasas inéditamente bajas.

El 8,7% que pagará Argentina es casi el doble del promedio que pagan los países de la región. Pero, aun así, hay cierto consenso respecto de que este “endeudamiento al estilo K” es preferible al aislamiento: por lo pronto, ayudará a reforzar la castigada caja del Banco Central, lo cual le quita presión al dólar en el mercado paralelo. Ello queda en evidencia con la calma del dólar blue, cuya brecha respecto del tipo de cambio oficial está estabilizada en 50%, luego de haber llegado a 100% hace dos meses.

En este momento, luego de la ofensiva de Kicillof por hacerse de dólares –una batería de medidas que incluyó un acuerdo con los productores de soja y un swap de reservas con el Banco Central chino–, existe una sensación rara. Por primera vez en la gestión de Fernández, se percibe que el verano podría transcurrir sin turbulencias cambiarias.

Sin ganas de acordar con los fondos en default
El anuncio del ministro Axel Kicillof respecto a una emisión de deuda, contiene un mensaje implícito respecto de la estrategia argentina ante los “fondos buitre”.

Hasta hace pocos días, había cierto consenso respecto a que, pasado el fin de año y ya habiendo vencido la temida cláusula RUFO –que inhibía al gobierno para ofrecerle a un acreedor un acuerdo en mejores condiciones que las celebradas en el canje de 2005–, se retomarían las negociaciones.

Sin embargo, esa percepción está cambiando. El gobierno tenía motivos políticos para no arreglar con los “buitres”, ya que su discurso nacionalista le gana la simpatía de buena parte de la opinión pública. Lo que no tenía era “oxígeno” financiero como para darse el lujo de estirar un año su situación de virtual default y de enfrentamiento con la justicia de Estados Unidos.

Pero si la jugada de Kicillof sale bien y el canje de deuda es un éxito, entonces habrá encontrado una alternativa para conseguir dólares en el mercado doméstico, al menos en la medida suficiente como para capear el corto plazo.

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