Son horas de festejo para el equipo económico de Cristina Kirchner: en apenas una semana logró recaudar US$ 3.000 millones, con lo cual se asegura llegar sin sobresaltos hasta las elecciones de octubre y poder hacer frente a sus obligaciones financieras externas.
En cualquier país de la región, la oferta de un bono por US$ 1.500 millones y su colocación no pasaría de una noticia rutinaria de las secciones financieras de los diarios. Pero en la Argentina del default, de la pelea interminable con los “fondos buitres”, del cepo cambiario y de la escasez crónica de divisas, resulta todo un acontecimiento.
El gobierno tenía un mal antecedente: a fines del año pasado, había intentado tomar crédito en dólares en el mercado doméstico –tiene vedado hacerlo en el mercado externo, ya que podría sufrir el embargo de la justicia estadounidense-, pero el intento del ministro Axel Kicillof había terminado en un fracaso.
En aquel momento, se había fijado el objetivo de colocar US$ 3.000 millones para aliviar su perfil de endeudamiento de deuda de 2015, pero apenas logró US$ 470 millones.
El fracaso del gobierno había sido atribuido por analistas del mercado a la “falta de profesionalismo” del equipo económico, que había prescindido de agentes colocadores que sondearan previamente a los inversores. El gobierno justificaba esa postura en su negativa a gastar dinero en comisiones.
Esta vez, Kicillof intentó nuevamente con el Bonar, un bono a 10 años de plazo, y que paga en dólares pero está regido por legislación argentina. Amortiza en 6 cuotas anuales y consecutivas, comenzando en mayo de 2019. Las primeras cinco son de 16,66% y la última del 16,7%.
Tampoco se recurrió a agentes intermediarios, lo cual le permitió a Kicillof pronunciar la frase revanchista: “Deben de estar bastante calentitos porque la emisión se hizo sin los bancos”.
Pero lo que marcó la diferencia fue la tasa de interés: se ofreció un premio superior al esperado, en el orden de 8,75%. Es decir, dos veces y media lo que pagó Uruguay por un bono de similares características.
En un mundo en el cual hay sobreabundancia de capital líquido y las tasas baten récords por sus bajos niveles, una tasa cercana al 9% resulta de un atractivo irresistible.
Y el gobierno prefirió pagar una tasa alta pero asegurarse que no repetiría el fracaso del año pasado. Prueba de su éxito es que, ante una oferta original de US$ 500 millones, obtuvo solicitudes por el cuádruple y finalmente terminó colocando US$ 1.415 millones.
Circuló la versión de que un papel protagónico en esta operación le cupo al Deutsche Bank, que habría asegurado el “piso” de los US$ 500 millones, y que también acompañaron varios fondos de capital de alto riesgo. Irónicamente, esos mismo inversores a los que Cristina Kirchner suele fustigar en sus discursos, cuando habla de la “economía casino”. “El Bonar 24 es un buen negocio porque no hay muchas opciones disponibles”, observó Orlando Ferreres.
Para este influyente economista, cabe incluso la posibilidad de que el gobierno pueda repetir la experiencia: “Hay interés de los inversores en negocios con tasas tan atractivas, dado que se obtiene en un año lo que en otros lugares demanda mucho tiempo conseguir”.
Dólares “de verdad”
El gobierno lo festejó como una gran victoria política. Y hasta se dio el gusto de mofarse de quienes critican las altas tasas que estuvo dispuesto a pagar.
“Antes decían que no nos prestaban, ahora dicen que nos prestan caro, están cansados de correr el arco”, fue una de las “chicanas” de Kicillof para con los críticos de su gestión. Y lo cierto es que tiene razón en estar contento. Hasta hace pocos meses, era impensable que Argentina pudiera pensar en tomar deuda por menos de 11% , y aún así las gestiones encontraban trabas debido a la batalla legal con los “buitres”. Pero esta vez se encontró el “timing” perfecto.
Al día siguiente de esta sorpresiva colocación, la petrolera re-estatizada YPF emitió una obligación negociable, y también consiguió el triple del monto originalmente previsto: se hizo con otros US$ 1.500 millones.
En la tarde del pasado miércoles, el Banco Central informaba que las reservas habían pegado un salto de US$ 1.247 millones, con lo cual llegó al nivel más alto de los últimos 17 meses.
Y con un agregado fundamental: esta vez no se trata de una suba “contable” lograda sobre la base de un acuerdo de swap de monedas con China. Por el contrario, se trata de dólares de verdad, billetes verdes contantes y sonantes, lo cual le permite al gobierno la tranquilidad de saber que podrá hacer frente a las necesidades de dólares físicos, como los que se necesitan para pagarles a los pequeños ahorristas, que se llevan un promedio de US$ 450 millones por mes. El gobierno está tan confiado que trascendió que planea una segunda emisión de Bonar 24 y, además, que insistirá con otro bono destinado a “blanquear” sin sanciones a aquellos que tienen ahorros dolarizados en el exterior sin declarar.
US$ 1.247
Millones. Las reservas del BCRA pegaron un salto de US$ 1.247 millones el pasado miércoles y alcanzaron su mayor nivel en 17 meses. .
1,4 %
Economía. La actividad económica de Argentina creció 1,4% en febrero en la medición interanual, en un dato alentador para el gobierno que fue contrarrestado por un nueva caída de la industrial.
Con “timing” electoral
El gran logro que supone esta apertura al crédito es la compra de “paz financiera” en el período de transición política. Desde aquí hasta fin de año habrá tres votaciones a nivel nacional y un cambio de presidente en diciembre, lo cual tradicionalmente provoca nerviosismo entre la población.
Ese panorama complicado se agravaba por el calendario del endeudamiento externo, que prevé para octubre el desembolso de unos US$ 6.000 millones. Sin embargo, ahora se ha instalado la idea de que se podrá transitar este período con relativa calma.
“Es una gran noticia, porque esto refuerza la estabilidad financiera en la Argentina. Y es la clave para tener una transición política ordenada y para poder encarar tareas pendientes desde el gobierno y una agenda a futuro”, afirmó Miguel Bein, principal asesor económico de Daniel Scioli, que celebró la tranquilidad conquistada por el equipo económico.
Y, lo que es más importante desde el punto político, es una paz cambiaria con “timing” electoral, dado que en Argentina siempre hubo una fuerte correlación entre el dólar bajo y la predisposición a votar al oficialismo.
De esta forma, se lograría el oxígeno financiero necesario como para seguir sosteniendo la política de “dólar anclado”, algo que ha sido criticado por los economistas, por ir a contramano de la tendencia regional, en la cual todos los países han devaluado sus monedas nacionales respecto de la divisa estadounidense.